martes, 15 de junio de 2021

El tiempo de mi lágrima

Esa lágrima que asoma cuando el abrazo me acuna.

Esa lágrima que se mezcla con el sudor del esfuerzo en un parto que da vida a nueva vida.

La lágrima que rueda hacia el mar en un amanecer que asoma en la línea infinita.

La lágrima que despierta cada logro de mi hijo.

Esa lágrima que vuela hacia el cielo de los ausentes.

Esa lágrima que horada cuando un poema de Alejandra me acontece.

La lágrima que la canción me regala.

La lágrima eterna que ofrendo a todos mis amores.

Esa lágrima que surca las alegrías de mis personajes.

Esa lágrima que baila todas las danzas sagradas

¿Cuánto dura el recorrido de la lágrima?

Ese tiempo de la lágrima es mi tiempo extraordinario.

STELLA MATUTE
JUNIO, 2021

#escribir #escribirparasanar #escritos

miércoles, 12 de mayo de 2021

PLEGARIA PARA ACTRICES Y ACTORES

Actor nuestro que estás en los escenarios, bendecido sea tu oficio, venga a nosotros tu brillo, hágase tu compromiso tanto en tu vida como en tu arte. El buen espectáculo de cada día, ofrécelo hoy y perdona nuestra ausencia en la platea así como nosotros perdonamos tu falencia. No nos dejes aburrirnos y líbranos de la falta de talento. Amen.

¡FELIZ DÍA DEL ACTOR NACIONAL PARA LAS ACTRICES Y LOS ACTORES DE BIEN!
(Segundo lunes de mayo)

lunes, 26 de abril de 2021

Soy

 


No. No soy esa que ven, que creen, que sentencian. Esos engaños que fui construyendo para salvarme de tanta rabia enmudecida. No. No soy esa. No soy la que se inventó oficios obedientes para sobrevivir la desobediencia de mandatos. No. No soy malhumorada ni fastidiosa. Tampoco soy mi curriculum. Ni siquiera el ego acariciado de mis premios. No, mentiras… esas son, con fortuna, meras máscaras que ayudan en el absurdo tránsito a la nada. Tampoco soy estos huesos ni estos músculos ni esta mano ni ese pie. No. No soy esa arruga ni ese pliegue. No  soy la que esboza una sonrisa cuando hay que sonreír ni la que  a veces acepta lo mal demente. Tampoco la que calla y esquiva la mirada para limar asperezas. No. No soy esa. 

Soy viento furioso que atraviesa otros vientos, soy lago cristalino y río caudaloso. Soy montaña milenaria, volcán de acero, rutas de sal, cielos sin sol y soy tierra húmeda después de la tormenta. Soy la memoria de todos mis muertos y todas sus ausencias bailando en mis brazos. Soy la búsqueda incesante de lo leal, de lo cierto. Soy el trasatlántico que trajo a mis abuelos cruzando inclemencias en mares de esperanzas. Soy el dolor de parto de todas las que maternan. Soy furia y carcajada a deshoras. Y a deshonras. Soy llanto eterno sobre las injusticias de todos los tiempos. Soy pluma que vuela más allá del infinito. Soy asedio constante de mi música. Soy la estela en el río de mi vida y soy huella arada en el esfuerzo para que esa estela deje marca. Soy papel sin letras esperando que lo escriban y soy la soledad de un colchón en medio de la calle. Soy el pájaro escapando de su jaula. Soy nuestras Madres y nuestras Abuelas. Soy testigo incansable de mi tiempo. Soy lo que fui y lo que no pude ser, soy esta que hoy se columpia en el arco iris previo al fin del diluvio que nos ahoga. 

Soy ráfaga y remanso. 

Soy luciérnaga y noche oscura. 

Soy todas mis yo y todos ustedes. 

Stella Matute
Abril, 2021


viernes, 16 de abril de 2021

CENIZAS PIADOSAS

Hace un par de días un par de horas ocho siglos veinte minutos cuatro semanas recién hoy mañana, tiré las cenizas de mi hermano. Fue una decisión voluntaria pero marcada por un mandato milenario, un ordenamiento sagrado de linajes. “Me toca a mí” vibraba mi cuerpo todo, caminando hacia el río mientras mi mano derecha sostenía el extraño peso del cuerpo todo de mi hermano comprimido en esa inabarcable y minúscula cajita. Mi hermano murió el mismo día del cumpleaños de mi madre y eso fue para mí una certera señal  de que era –es- imprescindible sanar heridas, enfrentar terrores  y exorcizar de una vez y para siempre el explosivo demonio creado en el arista de un abismo familar.

Nunca imaginé que “me tocaría” la íntima y titánica  tarea de arrojar –sola- las cenizas de mi madre y luego hacer lo mismo –sola- con los restos de ese hermano odiado y amado en igual medida.  Pero bien sé que llevo milenios de genealogías inimaginables; de volantazos violentos en mi historia. Elegí el mismo lugar donde–también en desamparada ceremonia- despedí  los restos de mi vieja, quien le comprendió con su vida todas las miserias que él supo desplegar como retazos de muerte. José Luis desde muy niño estuvo habitado por oscuros laberintos, poblado por cuevas indescifrables, llenito de rincones tenebrosos cercados con alambres de púas. Incurables curvas hacia el daño. De otros y de sí mismos. 

Me senté en un banco bajo un techo celeste y diáfano cruzado por el brillo de un sol incuestionable, rodeada de indiferencia ciudadana. Miré el paisaje intentando dejarme traspasar por una liturgia celebratoria del divino oficio que volvía a encarar. Divino por divinidad, por si hace falta aclararlo. Miré el puente, la baranda, el río. Calculé la distancia que habría entre mis manos y el agua cuando desenvolviera el insondable paquete, medí el viento, me detuve en los pasos de los transeúntes desprevenidos, intenté imaginar sus pensamientos… Una paloma se posó a mi lado y me miró. Es el momento, me dije. Me paré y caminé sin dudar hasta el centro del  pasamanos. Abrí la bolsa y un rezo de la infancia me tembló en el pecho. La lluvia de cenizas cayó obediente desparramándose sobre el río marrón como una alfombra recién sacudida. Ni bien dejé de verlas, una cruz hecha de dos maderos negros apareció por abajo del puente navegando en la corriente hacia el horizonte. Un temblor me estremeció desde la nuca a los talones. Levanté la vista y tres pequeñas golondrinas aparecieron de la nada y revolotearon frente a mis ojos secos de lágrimas y bañados en recuerdos. Fue así aunque parezca mentira. Volví a mirar el agua. Ya no había ninguna marca. Ya todo era como hace un rato y nada volvería a ser igual. José Luis ya navegaba en las mismas aguas de su madre, que también fue la mía.  El café con leche en la mesa grande de la mañana, las cosquillitas en la espalda, las chiquilladas compartidas, la hamaca de sus manos, la carrera hasta la heladera para tomar agua fresca, el avioncito vertiginoso colgada de sus brazos, el mate cocido con tortas fritas, sus clases de ajedrez para ganarme, sus revistas El Gráfico, sus travesuras desde el techo del galpón del fondo, el sanguche de salame con manteca, mis gatos y sus perros, su risa pícara con un toque siempre de malicia, su torpeza para bailar, su tristeza –también siempre- disfrazada de rencores… Todo ese tsunami de recuerdos  le ganó al tirano, al violento, al que nunca se entendió por qué. Ahí, en ese momento, se deshizo el dique y las aguas del Nihuil, del Valle Grande, del Atuel, del Diamante encontraron cauce en mi cara con su fuerza de montañas. Y ahí, en ese momento, decidí quedarme eternamente, desde antes hasta siempre, con el mejor de los recuerdos, con esa foto colgadita de sus brazos, confiada, riendo, con la pureza de mi cuerpito niña disfrutando de ese upa fraternal, totalmente indiferente a los peligros, ignorando que había maldad en algunos de sus actos. Creo, ahora estoy segura, que en el principio él tampoco lo sabía. Me subo a esa creencia y me acuno en ella. La mano de mi madre nos acaricia a los dos la cabeza. Mi padre lo recibe emocionado y mi hermana, mi luminosa hermana, le palmea la espalda y le revuelve el pelo. Mi abuela lo reta un poco con su tierna severidad gallega.  

Me dejo llevar remando sobre esa cruz de maderos negros que libera, que mece. Navego, porque navegar es preciso, hacia esa foto familiar con la terca y extravagante esperanza de que alguna vez volvamos a encontrarnos para escribir una mejor historia. 

Tal vez sea todo eso lo que abarque aquello sagrado de los cuerpos capaces de curar todas las heridas. 

SM - Abril, 2021






lunes, 12 de abril de 2021

INTEMPERIE DE TERNURA

¿Cómo atreverme a hablar de nuestro pacto de ficticio silencio llenito de palabras no nombradas?¿Con qué derecho cuento de tus ojos sin horizonte, de tu boca carencia, de tu mano alcancía, del borde esquivo de tu mirada? ¿Cómo relatar mi curiosidad intrusa intentando proteger un poco tu desdicha?

Durante un rato aportaste tu belleza contaminada de injusticias a la posible poesía de mi vida. Un día, después de varios soles, me miraste directo a los ojos con un agradecimiento que yo no merecía y esa esquina se volvió espera y entrega cotidianas. Fuiste peaje obligatorio a la ternura. Bisagra necesaria del camino. Tu ojeada pájaro era mi alegría en ese transitar a mi rutina. Tu mano transparente, mi certeza diaria. Tu guerra perdida, mi laberinto con salida. Tu sonrisa desdentada, mis ganas de seguir.

Un día no estuviste. No estabas y el refugio de tu esquina fue ausencia oscura. La carencia de tu orfandad dejó huérfano a mi minúsculo barrio dadivoso. Una incertidumbre de nubarrones pobló el templo de tu colchón abandonado. Quedó vacía mi mano en el fondo del bolsillo pespunteado por la nada. Me vi en tu espejo limosneando alguna respuesta, alguna señal. Un viento helado se coló por los ladrillos de tu mampostería angosta que fue el cobijo roto de tus días y tus noches, piso de tierra, techito de hendijas por el que espiabas las estrellas. ¿Te fuiste al cielo donde los desposeídos se vuelven reyes y bailan hasta que el sol se baña en el mar? ¿Te crecieron alas y volaste libre de monedas y latas vacías? ¿Te fuiste a ese lugar donde nadie se tapa la nariz para que el olor hiriente de tu destino no invada su egoísmo? ¿Y tu perro? ¿Ladró aquella noche en que se abrió tu portón de eternidad? ¿O acaso simplemente cambiaste de libertades y caminos? ¿Andarás tal vez eludiendo otras miradas hasta que puedas confiar en una? Anclo en ese anhelo y recojo las velas de la búsqueda.

Te debo el bullicio de un circo todo, un desfile de malabaristas que te ofrezcan los panes que mendigaste, la danza de un equilibrista por el filo de la mesa que no tuviste, un montón de piruetas de payasos regalándote poemas que levanten banderas de sopita y abrigo y te acunen en la abundancia huidiza de tu vida. Quisiera homenajearte a la altura de tu valentía plagada de intemperie, regalarte una parrillada de esperanza arrebatada. Ya no paso por tu esquina. No quiero. Pero sigo apretando aquella medallita del primer encuentro de miradas desarrapadas en el que sellamos nuestra mínima promesa de lealtad mutua, y ruego cada tanto por tu almita desamparada.

sm - abril, 2021

domingo, 28 de marzo de 2021

Dolencia contenciosa

Me dejó un traumatismo 

en el filo del lagrimal. 

Una fractura expuesta 

de autoestima. 

Un esguince

de coraje

Un infarto agudo

en la confianza

Quedé con la entereza

mal herida

y con las ganas 

al borde del trasplante.

Transité por una

cirrosis de esperanza,

una insuficiencia 

de certezas

y una fibrosis de llantos.

Nunca fueron visibles

mis dolencias.

Se cuidó muy bien 

de no dejar

ni una marca.

No hubo vendas 

ni apósitos

ni bisturíes.

No hubo quirófanos

ni consultorios.

Pero la convalecencia

fue eterna.

Si. 

Ojalá me hubiera pegado.

Tal vez hubiese sido más fácil.

Y más rápido. 

(SM - marzo 2021)

MIRAR PARA OTRO LADO

-Hijo, si matáramos a todos los malos, ¿quiénes quedaríamos?
-Los asesinos, mamá. 

Una noche de viernes festejábamos con mi pareja un aniversario. Hace de esto ya como diez vidas. Después de la cena de rigor, volviendo a casa, entramos al bar de Hipólito Yrigoyen y  Luis Saenz Peña a tomar un champagne. Eran como las 3 de la mañana y festejábamos, festejábamos, festejábamos... Copas, balde de hielo, champagne... Yo tenía un ramo de flores en la mano. Toda una escena de clase media. 

Al muy poco rato entró un muchachote de más o menos 15/16 años -o 100, vaya una a saber-. Estaba muy sacado, bolsita en mano, pidiendo plata por las mesas. Se apoyó en la nuestra viniendosenos encima bastante amenzante. Yo instintivamente agarré la cartera, saqué un billete de de una cifra que él no debía estar acostumbrado a recibir y se lo dí. Empezó a "rezarme bendiciones". Me dijo que yo era buena, que me iban a pasar buenas cosas, que yo era como una santa, etc. etc. mientras mi pareja trataba de frenarlo y decirle que ya estaba, que se fuera. El pibe recibió eso como una agresión inusitada y se enojó. Lo insultó un poco, le hechó en cara "el champagne y su copa" y se fue a la mesa siguiente. Ya estaban acercándose tres mozos con aires superiores para sacarlo. Él los vio y apuró el trámite. En la otra mesa una parejita tomaba café con leche con medialunas. El muchacho le dijo: "plata no tengo pero llevate las medialunas, si querés", lo que provocó en el pibe un enojo más grande que el anterior. "Que no quería su comida, que se la metiera en el culo, que él quería guita". Estaba sacado. Asustaba. Los tres mozos lo agarraron y en una escena muy violenta lo sacaron a la calle. El pibe gritó, golpeó las ventanas, amenazó con piedras. Horrible situación. 

Costó sobreponerse. 

Cuando ya nos habíamos tranquilizado un poco y pudimos volver a "disfrutar" de nuestro champagne entró un nenito de unos 4 o 5 años. Apenas si llegaba a sobrepasar las mesas con su cabecita rapada y recorrió el lugar pidiendo. Todos, absolutamente todos, le dijimos que no. Algunos sin ni siquiera mirarlo. El nene se fue como había entrado. Sin ruido y sin plata. Ni siquiera medialunas se llevó.

El champagne me quedó atragantado por varios días.

Durante mucho tiempo me pregunté cuánto tardaría ese nene chiquito, tranquilo y "socialmente obediente" en transformarse en el adolescente atravesado por el pegamento, el paco y la violencia. ¿Cuántos "no" se bancaría hasta llenarse de odio y resentimiento?

Y mucho más me desveló preguntarme si alguien más que yo y mi pareja había registrado esa escena esa noche en el bar. 

Una sociedad que mira con indiferencia la infancia en la calle no tiene derecho, ningún derecho, a ni siquiera cuestionar a un chorrito... Mucho, muchísimo menos, a matarlo en una salvaje paliza que nos convierte, en forma definitiva, en una sociedad asesina. 

Eso siento.

sábado, 27 de marzo de 2021

CORREGIR UN RECUERDO

Regreso a pretéritos dolores que son errores, que son tropiezos, que son descuidos. Me asomo al abismo de mi eco de adentro con la intención de corregir antiguos incidentes. Corregir un recuerdo. Enmendar un olvido. Sobrevuelo aquella discusión enardecida… y sonrío. Recorro aquel dolor abandonado en la comisura de la lágrima… y sonrío. Deambulo por esa sombra de un error que me hizo daño, y sonrío. Danzo un poco al recordarme bandida en esa picardía de la que se me olvidó pedir disculpas. Y sonrío. Peregrino incluso por aquella oscuridad del día más oscuro de mi vida, y sonrío. Son distintas sonrisas, pero sonrío. Sonrisas. Hay melancolía en algunas, ironía en aquella, nostalgia en aquella otra, jarana en esa de más allá, franca tristeza en la penúltima… pero son sonrisas. Sonrío repasando historias ya pasadas que sí, tal vez, podrían corregirse en la añoranza. Sonrío. Entonces me doy cuenta de que los recuerdos no requieren corrección, no incluyen enmiendas…  porque se corrigen solos los recuerdos en el río a veces manso y otras veces turbulento por el que avanza ese barco vigoroso que llamamos vida. Entonces sonrío. Y soy río.

Stella Matute - marzo 2021

 

domingo, 14 de marzo de 2021

GRACIAS

Gracias riesgo

Gracias nido

Gracias útero, mirada, llanto

Gracias hijo gigante, gracias pequeño

Gracias fluir 

Gracias palabra, palabras, dichos

Gracias eco eterno

Gracias grito, alarido, bramido

Gracias mar, movimiento contínuo

Gracias sonido, ruido, jaleo

Gracias acto, hecho, argumento

Gracias amiga, amigo

Gracias hermana, hermana mía

Gracias entusiasmo

Gracias madre

Gracias padre

Gracias tristeza, pena, nostalgia

Gracias eternidad

Gracias conducta, acontecer, batalla

Gracias ciudades 

Gracias viento, picaflor, torcaza

Gracias justicia, utopía, quimera

Gracias vida

Gracias Pedro Patzer

Gracias Girondo

Stella Matute, agradecida.

(Escrito en el Taller "El patio de la palabra", de Pedro Patzer
ejercicio inspirado en un poema de Oliverio Girondo - marzo 2021)

miércoles, 10 de marzo de 2021

Para que yo me llame Stella Matute

Para que yo me llame Stella Matute tuvieron que cruzar el océano mis cuatro abuelos, escapando del horror del hambre y de la guerra. Tuvieron que llegar a esta tierra prometida y recorrerla hasta el sur de una Mendoza en tiempo de futuro para ayudar a fundar un pueblo que los acunó en sus sueños a la vera de acequias y ríos cristalinos. Tuvieron que ser vecinos mis abuelos y luego amigos, y tuvieron que sobreponerse a una serie de  tragedias para que sus hijos se fundieran en un abrazo tan profundo que los convirtió en mis padres. Para que yo me llame Stella Matute antes nacieron Delia y José Luis, mis hermanos. Una hermana, hermana mía que me meció en sus saberes y me construyó en sus ojos. Y un hermano que no supo hacerse amar a golpes de no poder comprender el lado bueno de la vida. O, tal vez, porque nadie supo enseñárselo, ya nunca lo sabré. Para que yo me llame Stella Matute tuvo que morir mi padre muy temprano y tuve que despedirme del sudor de mis montañas y subirme a un tren debutando yo en la adolescencia, aferrada a la mano de mi madre que lloraba su viudez y enarbolaba una vez más su estirpe de mujer valiente. Y sufriente. Para que yo me llame Stella Matute tuvo que recibirme este Buenos Aires de desmesuras  en estímulos sagrados y convocantes. Tuve que esconderme tras los árboles para no caer en manos de uniformes crueles y acompañar a mi hermana en sus dolores de ausencias forzadas y miedos clandestinos. Para que yo me llame Stella Matute tuve que disfrazarme con pieles ajenas y jugar a ser otra para soportar tanta falta de mirada. Para que yo me llame Stella Matute tuve que parir el deseo de parir y maternar a un gigante que vuela alto a fuerza de desplegar sus alas de talento. Y a otro que no pudo con tanta vida y me dijo un adiós definitivo en un suspiro de doce días.  Para que yo me llame Stella Matute fue preciso mirar muchos ojos para anclar en una mirada. Y atreverme a redimirme. Y desplegar mis propias alas. 

(Escrito en el Taller "El patio de la palabra", de Pedro Patzer - ejercicio inspirado en un poema de Ángel González - marzo 2021)

lunes, 8 de febrero de 2021

Mi hermano...

Hoy... el día del cumpleaños de mi madre, se fue mi hermano. No fue el hermano que yo hubiera deseado... todo fue siempre muy difícil. Tan difícil como es hoy ubicar tanta tristeza... No lloro su muerte... lloro su vida y todo lo que no pudo ser.

De esta foto ahora quedo solo yo. Es raro. Es fuerte. Es irreversible.

Lo despido con lo mejor de mi. Bien sé cuánto deseé que todo fuera diferente.

Ojalá descanse en paz... Y ojalá esta coincidencia con la fecha del cumple de mi madre signifique que la vida -o la muerte- lo libere y vuele alto. Junto a ella... que lo amaba-madre.









Mi madre, su vida y su cumple sin ella






Fechas… Fechas que desde el comienzo de mi historia son recuerdo y presente. Mi madre cumplía años el 8 de febrero. Y cada 8 de febrero es cerrar los ojos y sonreir y lagrimear. Mi madre. Lamami, la yaya, abu, madre, mamá, la Satur... Mamá ojitos de misterio y manos de encaje. Artesana involuntaria, filósofa iletrada a fuerza de vida. Aguda adivina de todo terreno. Madre puntillitas en los bordes. Madre silencios, madre sabores, madre tejidos, madre tristeza. Madre de sonrisa esquiva, de abrazo austero. Madre de corazón inabarcable. Madre de alma abundante. Cada año desde hace ya doce años la describo con estas o parecidas palabras. Porque la describen y la cuentan. 

"Mi mamá me ataba a mi hermano menor con una sábana al cuerpo para que yo pudiera hacer las cosas de la casa sin que él llorara", me dijo un día. 

"Cuando estaba en tercer grado me gané el primer premio en un concurso de dibujo. Cuando llegué a mi casa, contenta, y lo conté, mi papá me dio una paliza y no me dejó volver nunca más a la escuela", me contó otro día. 

Esos dos relatos, tan brutales, me hablaron y me siguen hablando de la infancia de mi madre. De su infancia y de su vida. ¿Cómo reclamarle, entonces, a esa mujer algunas cosas que no hizo, algunas cosas que no dijo, algunas cosas que prefirió callar, u olvidar -quién sabe-? Nada me debe, nada le debo. Fue y es en mi... Soy y fui en ella.... Así... Como pudimos... Como quisiera que siguiera siendo...

Un beso al cielo, una lágrima a la tierra, un arabesco colorido al aire. "Gira en el bello planeta", y yo la homenajeo.

miércoles, 20 de enero de 2021

Mi Carta del Año 2021

 I

EL MAGO

Este año promete ser para usted especialmente afortunado. En sus manos tiene la oportunidad de convertirlo en una auténtica obra maestra. En un ámbito importante puede llegar a alcanzar cosas muy altas o adentrarse en terrenos de intereses y de ocupaciones adicionales que en un futuro le puedan reportar felicidad y satisfacción. Y con seguridad se le van a presentar ocasiones para resolver viejos problemas.

Pero de ninguna manera debe callar sus méritos o impedir que reconozcan su gallardía.

Demuestre lo que sabe y tome la iniciativa en la situación que lo requiera.

Estructure este año de forma activa, demuestre su espíritu emprendedor.

Ahora posee el ímpetu y la destreza necesarios para convertir en realidad sus planes profesionales y privados.

¡Aquello que caiga en sus manos tiene buenas perspectivas de convertirse en un éxito!

Anima a: Confiar en las propias facultades y a controlar un asunto, una cuestión con habilidad.

Previene de: Querer forzar algo por todos los medios.

Conciencia: Reconocimiento profundo, unívoco.

Espiritual: La conciencia solar.

Meta: Control sobre el destino.

Mi cumple 2021, después del año de la peste. Se viene El Mago

Un Facebook que no anuncia mi fecha de nacimiento. Y sin embargo, más de 400 personas se tomaron un ratito para mandarme su cariño en forma de palabras… 

Muuuuchos llamados, muuuuchos whatsapp, muuuuuucho muuuucho muuuucho amor recibí ayer inaugurando mi nueva edad. 

GRACIAS GRACIAS GRACIAS GRACIAS INFINITAS GRACIAS. 

En este tiempo en que escasean alegrías, en que lo esperanzado está cotizando muy alto, en que el encuentro anda esquivo, recibir tantas demostraciones de amor es una caricia suavecita sobre la que una puede cerrar los ojos, sonreír, y remontar vuelo hacia ese abrazo extrañado. 

Las palabras me tiran de sisa a la altura del corazón porque se quedan cortas para expresar tanta huella, tanto impacto del bueno. Un GRACIAS, nacido desde núcleo mismo del agradecimiento es lo que tengo más a mano… sabrán entender.

Gracias a todas, todos y cada une. Creo haber puesto un corazoncito a todos todos todos los mensajitos... si alguno no está puesto es porque facebook tiene su cuota de perversidad al respecto. Igual intentaré también contestar uno por uno pero eso me llevará tiempo.  




Y en especial, gracias a mi hijo por un almuerzo tierno y sabroso y un libro que me enseñará “¿Quién se hará cargo del hospital de las ranas?”. Gracias –de nuevo– a cada una y cada uno que me escribió, me llamó, se hizo presente de alguna manera. Gracias infinitas y eternas a mi rotunda hermanamiga Graciela que con esfuerzo descomunal me armó su festejo íntimo y desbordante de amorosidad. Gracias a mi amigaza eterna Mónica que se prendió sorprendiéndome infinito. Gracias a mi compañero de vida que le dedicó su día al mío, cruzándose la ciudad en este tiempo de peligros con el sólo objetivo de mimarme y hacerme feliz. Gracias a Cecilia por ponerle siempre garra, onda y alegría a lo posible y más. Gracias por leer mi tonta lista y darme el gusto. Tan así que uno de los regalitos se repitió… Gracias por la comida árabe y el rico champagne y el crocante de manzanas que fue el vehículo para la ceremonia de los tres deseos. 



Gracias amigaza Taty por la velita, la copa de vino y el fallido pero dulce y sensible intento de zoompleaños. Gracias a mis Yeguas amadas por estar siempre ahí, al pie del cañón... en las buenas y las malas; en las intenciones y los hechos. Gracias soberano y desmedido y descomunal.

Ya habito nueva edad… ya anda por los laberintos de la eternidad la que transité en el año de la peste y ha nacido esta que hoy se inaugura y comienzo a transitar. Se va la edad de “EL DIABLO” y me esperanzo con la de “EL MAGO” (gracias Margarita Carballal). Ojalá yo esté a la altura para que pueda  iluminarme las herramientas que me ayuden a convertir en realidad mis planes.



miércoles, 16 de diciembre de 2020

Llanto por una madre

 Cuando una llora a una madre, llora a todas las madres.

A las que no están y a las que están y pueden no estar.

Y también llora al posible dolor del hijo por la posible ausencia de la madre.

La muerte remueve todas las muertes.

La muerte nos deja clavados en un silencio de llantos.

La muerte es la muerte. 

viernes, 27 de noviembre de 2020

TRISTEZA CÓSMICA

Estamos tan tristes...

Cielo triste sol triste nubes tristes 

Triste azul tristes miradas

Sonrisas tristes cánticos tristes

Tristes palabras ojos tristes

La alegría está triste y está triste la emoción.

Abrazos tristes manos tristes arrugas tristes lágrimas tristes

Triste amanecer tristes horas 

Triste café con leche tristes tostadas paredes tristes 

Tristes sonidos triste comisura abismo triste vereda triste grasita triste 

Rubio triste morocho triste 

Triste prostituta feminista triste gorila triste

Triste la esquina la baldosa el cordón de la vereda

Peronista triste radical triste trosko triste 

La camiseta está triste el arco triste y también el arcoíris 

El gol está triste y más triste la pelota quenosemancha

La Casa Rosada triste y la blanca y la roja y la sin techo y la casilla 

Todas tristes

Zapatos tristes pasos tristes 

Cansancio triste

Hombros tristes

Las Malvinas están tristes y también los combatientes

Las Madres tristes y las Abuelas tristes

El justiciero triste y la luchadora triste

Triste el pelo y las orejas y las uñas

La tristeza misma está triste

Estamos tristes

Tan tristes

Gracias Diego, también por esta tristeza que se acomoda en cada rincón de esta Tierra que pisaste y en la que supiste sembrar tanta Alegría. Que hoy está infinitamente triste.

(Stella Matute, 26 de noviembre del año de la pandemia, el año de la tristeza)




domingo, 15 de noviembre de 2020

Infancia robada

La teta nutritiva de mi madre

La mano firme de mi padre

El abrazo tierno de mi hermana

Contactos primarios y esenciales que hicieron vibrar mi cuerpecito niña

Más allá y más acá, los temblores fueron de miedo. La maldad erótica de mi hermano me robó el dulce temblar de mi infancia

15/11/2020

Quizá sea posible

Y ahora, que es ayer que es mañana. Vértigo. Miedo tal vez. Alegría esquiva. Cuánto hay aquí dentro que no sale. Acá me acuesto. Acá paro sin parar. Manchas y humedades que narran, que cuentan. Río. Río de risa y río de agua. Río de río. Qué pienso cuando no pienso. Cuando no pienso, pienso en esa oscuridad sin freno. En el eco de ese grito que todavía me envuelve y ensordece. 

Vivir más lindo quizá sea posible. 

Seguir. Seguir, seguir hacia dónde desde cuándo.

Quizá sea posible.

(15/11/20)

martes, 13 de octubre de 2020

Frase

 La vida es una intensa acumulación de parasiempres y nuncamases

(Una frase de mis sueños)

lunes, 31 de agosto de 2020

EL BAÚL DE LA ABUELA

 Mi abuela lo miraba y lloraba. 

Eso siempre me estrujó el alma. Desde muy niña, para mí ese baúl tuvo el nombre del misterio. ¿Qué había allí que hacía llorar a mi abuela? Porque cuando ella lo abría –rara vez y siempre en día de lluvia- para mí era una fiesta. Pero ella lloraba. Estando cerrado o abierto ella lloraba. Y callaba. Ese silencio amargo teñía de antigua desazón aquellas tardes de lluvia mientras  mis primas y yo nos sumergíamos en ese mundo arcano y recóndito del baúl de la abuela. Cuando ella murió lo heredó mi madre, única hija mujer de cinco hermanos. Yo andaba por los 13 años y estaba tratando de alejarme de los misterios. O de entenderlos, que es lo mismo. Entonces supe, o entendí, claro, que con ese baúl como único equipaje mi abuela había cruzado el océano desde su España natal en busca de nuevos y mejores horizontes. En busca de saciar el hambre, por ejemplo. Y que en esas pocas cosas que conservaba allí dentro lloraba y añoraba sus anteriores confines, sus ilusiones de niña, su familia primal. 

Cuando tiempo más tarde murió mi padre, ese baúl fue parte de nuestra mudanza desde el pueblo mendocino a las luces de la gran ciudad. Fue mi madre, entonces, la que empezó a llorar cuando lo miraba. Tanto cerrado como abierto. 

Diecisiete veces más me mudé luego y él fue un compañero de memorias y desmemorias. Atesoró recuerdos y olvidos. Y lloré mirándolo. Tanto cerrado como abierto.

Hace poco encaré la mudanza más importante de mi vida. La penúltima. En la próxima, mi viejo baul llenito de historia ya no podrá venir conmigo. Ahí está. Frente a mí. Re inagurándose, re inaugurándome. Obedeciendo dócil su destino de testigo mudo que grita la historia de aquella mujer inmigrante y su descendencia. Linaje de mujeres fuertes, luchadoras, constructoras de sus destinos. Gracias, baúl. No lloro esta noche mientras te escribo y te miro reciclado. Sonrío. Y sonriéndote sonrío a mi historia. A mi estirpe de féminas. Y al auspicioso volantazo del destino que me inventé poquito a poco. Sonrío. Sonrío. 













lunes, 29 de junio de 2020

LO QUE DICEN LOS QUE PIERDEN

Me quedé paradita en la esquina de la esperanza, sin poder moverme. Un mar de dudas se fundía con un cielo de certezas y viceversa. Un hilo indestructible de recuerdos iba hilvanando la memoria, a veces tan esquiva, a veces tan arisca.

La puerta de la celda se abrió muy lentamente y la orden fue contundente: Levantate, perdedora, hoy te vas. No entendí. Miré a mi victimaria y la vi por primera vez en esa cuenta incontable de los días de encierro. ¿A dónde me voy?, pregunté ya sin miedo pero con profunda resignación. Esa resignación que se siente cuando ya no se tiene nada que perder, como buena perdedora que soy. Ella misma me lo enseñó en algunas de las sesiones… Sos perdedora, pero sos buena perdedora.

Nunca entendés nada, vos. A tu casa o a la mierda o a donde quieras ir. Hoy salís en libertad, me dijo mientras me tiraba unas ropas como me tiró antes, sin piedad, los baldazos de agua.
Fui recogiendo las prendas sin bajar la mirada. No sabía si creerle. Apurate, querés. Gritó una vez más. Siempre fuiste una inútil, desde la militancia. Inútil y perdedora. Una buena perdedora. Y largó una carcajada. Recordé el tiempo en que militábamos juntas y también cuando fueron a buscarnos. Recordé cómo fueron quebrándola y cómo la convirtieron en mi verdugo. ¿O no? ¿O siempre fue así y no lo supe antes? Mientras me vestía a las apuradas esa duda entró como entran las ráfagas de una tormenta por las hendijas de un galpón abandonado.

Salí a la calle. El vestido y las zapatillas que me habían dado nada tenían que ver con el frío invierno que cubría la vereda. No me importó. Giré temerosa y vi sus ojos antes de que el ruido del portón cerrándose me estremeciera. Corrí. Corrí. Corrí. Corrí tantas cuadras. No sé cuántas. Kilómetros, tal vez. No tenía idea a dónde me dirigía ni cómo llegaría a ningún sitio.

En un momento, sin razón alguna, me detuve. Me quedé paradita en la esquina de la esperanza, sin poder moverme. Un mar de dudas se fundía con un cielo de certezas y viceversa. Un hilo indestructible de recuerdos iba hilvanando la memoria, a veces tan esquiva, a veces tan arisca. Perdedora… Sí. Perdí, me encerraron, me torturaron, me destruyeron, me quebraron a una amiga, me robaron un compañero. Perdí, sí. Pero no pudieron derrotarme.

Stella Matute
Junio, 2020 - Tiempo de pandemia

sábado, 27 de junio de 2020

LA LOCURA NO SE CURA

Mi madre intentó convencerme de que no fuera. Nunca entendió nada, mi madre. Yo ya había armado mi bandera. A mí nadie me dice lo que puedo y lo que no puedo hacer. Nadie, se entiende. Nadie. Ni mi madre ni mucho menos un gobierno que pretende que me quede en mi casa quitándome mis derechos constitucionales. Nos mienten, nos mienten. El virus es una mentira y el barbijo es insoportable. Nos quieren dominados, sumisos y callados.

Salgo a la calle y me encuentro con mucha gente que piensa como yo. Algunos vamos en auto, otros en bici y los menos a pie. Portamos nuestros carteles, nuestras certezas. Llevamos nuestra pasión a cuestas.

El calor de una mano aprieta la mía. Creo ver lágrimas detrás de las antiparras de la enfermera que me asiste. En esas antiparras se refleja la luz y mi cara. Me cuesta reconocerme. El tubo, la cofia, la palidez me desfiguran bastante. No puedo hablar, el respirador me lo impide. Si pudiera le pediría perdón. Pienso en mi madre. Seguramente reza y llora por mí en la soledad de casa. Tenía razón. No tendría que haber ido.

Me levanto, corro las cortinas, abro las ventanas, respiro hondo y profundo. Ayer enterré a mi madre. Yo safé. Miro el teléfono y dudo en si llamar o no a algunas amigas con las que nos encontramos aquel día en el obelisco.

(Relatos de pandemia - Junio, 2020)

miércoles, 24 de junio de 2020

CERTEZA

Me ilusiono me esperanzo me fantaseo
Me idealizo me imagino me alucino
Me invento me derrapo me confío
Me convenzo me susurro me compongo
Me arrobo me distraigo me sereno
Me busco
Me rescato
Me enfrento
Me repongo
Retrocedo
Tomo impulso
Allá voy
Nunca sola

Stella Matute
Junio /20

martes, 16 de junio de 2020

TAN LEJOS Y TAN CERCA DE TUS HORAS


Vuelvo a aquel beso robado a los rubores… Ese beso que me alejó para siempre de la niña vulnerada y me fue llevando de la mano -tropezando torpemente- a saltar el alambrado adolescente y pisar feliz un cometa, aferrada a tus ojos. ¿Te acordarás de mi uniforme almidonado? ¿De mis zapatitos negros reglamentarios? ¿Te acordarás como yo recuerdo los tuyos acordonados que no podía dejar de mirar por prepotencia de la emoción avergonzada? Vuelvo a aquellas calles polvorientas y silentes que deambulábamos en las siestas traviesas de rabonas, al resguardo de mirones. Vuelvo a ese miedo inaugural, a ese debut de pudores, a ese elegirnos en el cauce de un río irrefrenable. Nos veo tan niños sintiéndonos adultos. Somos ahora tan adultos queriendo ser niños. Aquel tiempo… cuando nos preguntábamos qué era ser feliz sin saber que lo éramos. ¿Dónde habrán florecido nuestras rosas? ¿Dónde habrán hecho nido nuestras promesas de amor eterno? ¿Habrán nacido en soles y lunas de tanto camino recorrido, de tanta vida sin atajos? ¿Iluminarán hoy nuestro cielo de hijos y certezas ya gastadas? Busco la llave que abre ese rincón del corazón. Atravieso bailando ese portal y te traigo arbitraria a este presente mío, de tantos miedos. Te tomo la mano, te miro a los ojos y te regalo un juramento: no hay relojes que puedan medir el tiempo de añejas esperanzas. Acá estoy, llena de marcas, un poco rota y otro poco amedrentada, sonriendo en estas horas mías, tan lejos y tan cerca de tus horas, eternamente.


S.M. 2021, en pandemia

viernes, 12 de junio de 2020

12 años sin mamá

“Se murió como vivió, sin molestar”, me dijo un amigo aquella noche 12 vidas atrás, años contando. Y yo rompí en un llanto inaugural, distinto, único, naciendo a una vida sin ella.
¿Cuántas veces nacemos a la vida en esta vida? Sin duda, una de esas veces es cuando quedamos huérfanos, tengamos la edad que tengamos en ese momento de desgarro.
Hoy, 12 de junio, hacen 12 años años que se murió mi vieja...
Mujer entera, noble, severa, inteligente, intuitiva, artesana, autodidacta...
Madre difícil para mí. Hija difícil yo para ella.
No se la hice fácil, pobre.
Hoy quisiera aullarle, quietita y susurrando en su regazo, cuánto la entiendo. Cuánto extraño su rara manera esquiva de dar amor. Cuánto añoro sus manos rústicas sirviendo el café con leche, su bello arte de tejer escarpines, su severo gesto húmedo de lágrimas mudas, su rigurosa mueca para disimular dolores, su silencio milenario cargando pasado.
Yo la hostigaba porque la creía eterna.
Hoy me encerraría con ella para atravesar mil cuarentenas y enfrentar la pandemia de un linaje de luchas que parece no acabar nunca. Para llenar de historia esos silencios y entender que la genética no pasa solo por las células. Su alma y la mía, entrelazadas por siempre y para siempre, cargan con siglos de misterios y secretos que algún día, definitivamente, habrá que enfrentar y tratar de acunarlos en palabras dichas, para que descansen un poco en el colchóncito de nuestra historia familiar.
Extraño a mi madre, si.
Extraño aún todo lo que me molestaba de ella. Porque hoy entiendo que todo eso me constituye, me empodera, me pone en pie de guerra pero también me mece tierna cuando lo hostil me lastima. Yo no me voy a morir sin molestar, porque ella me enseñó con su austera y silenciosa vida que es mejor pelearla. Aunque duela, también.

Le dedico y me dedico hoy las palabras que Delia, hermana mía, le escribió en otro siglo, en otro milenio... qué mejor...

A mí me falta y sobra abecedario,
y diccionarios gruesos como troncos
me saben miserables e incompletos
cuando componer quiero
nada más un poema
a esta inmensa mujer,
luminosa y sencilla
que me tocó por madre.

Y me pregunto entonces
de qué vale este oficio,
mitad deber y hobby,
si no me sale un verso
como un himno,
que me la adorne toda,
que me la pinte
humilde, creadora y costurera
de las mejores virtudes que poseo.

De qué vale,
me digo,
si no encajo
las sílabas exactas
que muestren de esta madre
los rincones
profundos y dispares
como julio y enero.
Su indestructible aliento
de mujer luchadora,
la fibra transparente
de su melancolía.
De dónde saco yo
el palabrerío
para poder ganarle
en algo a la magia poética
de su ternura necesaria.

Cómo le copio en verso
su templanza,
y le refriego al mundo
tanto orgullo
por este privilegio, ¿cómo?

Yo quiero regalarle
un buen poema,
uno que le haga rima
con esa esencia grave,
con la pobreza digna
capaz de sacar todo
de la nada.

Pero no te seguí bien
en las lecciones, madre,
y no me sale.

Pero a la larga, Vieja,
seguro ha de gustarte
saber que lo intenté
con especial cuidado
y si no lo he logrado
no sólo es culpa mía,
es que a vos, mamá mía,
debieron dedicarte
poemas, nada más,
los que saben.
(MARÍA DELIA MATUTE)