sábado, 20 de enero de 2024

CUMPLIR AÑOS RODEADA DE AMOR

En el fulgor de un nuevo ciclo, mi reloj marca el paso de los días, y ayer, viernes 19 de enero, entre risas y añoranzas, celebré el milagro de cumplir años. Un brindis inicial resonó como un cántico de esperanza, una proclamación de vida que se eleva en la copa de la gratitud.

En medio de un tsunami de mensajes que llegaron como olas de amor sideral, me sumergí en la alegría de saber que cada palabra escrita es un faro luminoso, guiándome en este viaje llamado existencia. Entre la marea de buenos deseos, una vez, más encontré la esencia del cariño, la amistad y la ternura.

El almuerzo con Musante, momento sagrado donde los sabores se entrelazaron con las historias compartidas, y el brindis una ceremonia de complicidad que sella la conexión infinita de nuestras almas.

La noche se vistió de encuentros, de abrazos que trascienden el tiempo, de risas que resuenan en la eternidad.

Mi hijo como faro de la armonía y el futuro. Su sonrisa fresca, su mirada franca, su talento talento, son una nave que viaja siempre al horizonte.

Fue una noche de agradecimiento profundo, donde mi corazón se expandió en reconocimiento a cada experiencia, a cada reto superado, a cada victoria alcanzada, que no hubieran sido posibles sin el apoyo de tanta gente amorosa y dedicada que me acompaña.

Agradecer, agradecer, agradecer. Las palabras se repiten como un mantra, recordándome la importancia de reconocer la abundancia que la vida me brinda. En el eco de esa gratitud, me despedí del año de amnesia y aneurismas, dejando atrás las tensiones y los desafíos que marcaron ese caminar.

Saludo mi nueva edad con la esperanza de un renacer, de nuevos comienzos y oportunidades. Le digo adiós a la Emperatriz que fue testigo de mis días pasados, y doy la bienvenida a la Sacerdotisa, símbolo de intuición y sabiduría, que me guiará en este nuevo capítulo de vida.

Así, entre brindis y agradecimientos, me sumergí en la magia de cumplir años, celebrando la maravilla de la existencia y mirando con entusiasmo el futuro que se despliega ante mi y mis amores. ¡Salud a la vida, a los encuentros y a la bendita danza del tiempo!

(20 de enero de 2024, el día después de un día soñado)


viernes, 19 de enero de 2024

COMO CUANDO ERA NIÑA. RENACER EN ELLA.

 

Como cuando era niña, el día después de mi cumpleaños trajo consigo la misma magia de antaño, “cuando me preguntaba qué era ser feliz sin saber que lo era”. Los regalos desplegados con emoción en el piso, trajeron la inocencia de tiempos pasados. Los papeles rotos son pequeños fragmentos de alegría, redimiendo risas contenidas. Mi corazón es una caja abarrotada de tesoros y late con gratitud por cada sorpresa, por cada presencia, por cada abrazo.

En este instante, entre recuerdos y nuevas emociones, descubro que la esencia de la felicidad sigue siendo la misma: la celebración irrefrenable y pura, la conexión entre lo eterno y lo efímero, como un susurro de aquella niña que aún me habita.

En ese suave rincón del tiempo donde ayer se fundió con mis anhelos, salí de la penumbra del año pasado para encontrarme envuelta en la luz de un manto de amor. Mensajes, voces, textos, dibujos, llamados, posteos, fueron pétalos de ternura   creando –como en el teatro- un jardín efímero y eterno en mi memoria.

Cada uno de esos mensajes resuenan en mi alma, transformando el simple transcurrir de un día en un concierto de gratitud. Las risas, los abrazos, los cantos fueron –son- acordes de felicidad que vibran y vibrarán en mi existencia, armando una melodía de recuerdos imborrables.

Ayer, 19 de enero de 2024, se marcó el comienzo de un nuevo capítulo en mi viaje, un renacer radiante. De agradecimiento infinito. Quiero rendir homenaje a cada une de ustedes que con sus distintas formas de presencia iluminaron mi día. Me siento dentro de un tsunami de amor que hace de mi corazón un loco destellar de danzas.

Renacer. Renacer. Renacer.

Se fue La Emperatriz. Llegó La Sacerdotisa.

Con gratitud eterna.