viernes, 20 de diciembre de 2013

Palabras y Actos


Que Vincent nos pinte otro cielo, menos gris y tormentoso.
Que los relojes no den las horas tan exactas.
Que Chaplín nos regale carcajadas.
Que el arte nos someta
Que Serrat nos susurre su penúltima canción.
Que Isadora vuelva envuelta en todas las banderas y se instale en las plazas.
Que se inunde de risas y de ideas el Congreso.
Que los cartoneros se hagan dueños de Papel Prensa.
Que se repartan golosinas gratis.
Que los caceroleros guarden sus injustas cacerolas.
Que demolamos los muros de la red y nos reunamos en las casas a cantar, a bailar y a leer.
Que la amistad no suceda en las redes sociales.
Que subamos a un barco a recuperar el horizonte y que un cometa brillante pase justo a llevarnos de paseo.
Que Alicia nos invite a tomar la merienda y nos hable de lo eterno.
Que Alejandra escriba un poema más.
Que le entreguen premio Nobel a los amigos y amigas que a la madrugada derraman tus lágrimas.
Que si los que amamos mueren, vuelvan.
Que la primavera dure seis meses este año, y que todas sus mañanas huelan a jazmines.
Que el otoño dure los otros seis meses.
Que las noches nos emborrachen de sueños.
Que los sueños se hagan realidades.
Que un decreto acabe con el hambre.
Que no mueran las mascotas.
Que Cristina no se enferme nunca más.
Que todas las Abuelas le cocinen a sus Nietos.
Que nuestras Madres vuelvan a parirnos en una realidad más justa.
Que Elis nos cante sus penas y Caetano sus amores.
Que nuestras palabras coincidan con nuestros actos.

Que aparezca la alegría... como entonces.

Que tengamos 2014 motivos para reir a carcajadas.

Stella Matute
Diciembre, 2013


miércoles, 18 de diciembre de 2013

A qué mesa elijo sentarme

MESAS QUE VALEN LA PENA. O LA ALEGRÍA.
Hoy estuve en la cena que UOCRA Cultura ofreció a lxs trabjadorxs de la cultura que pasaron por su escenario.
Una verdadera fiesta nacional y popular con la mesa bien servida, manteles blancos, asado, vino, pan, brindis, abrazos y muchos dedos en V. Un verdadero homenaje a lxs laburantxs de la cultura... a esxs que le ponen (le ponemos) mucha militancia al asunto.
A mí nunca me ha sido fácil este camino... Tengo las muñecas transplantadas 27 veces de tanto remar... Y son muchas las veces que el desánimo me gana... Pero son noches como las de hoy las que me inyectan optimismo y fuerzas... ganas y energías... garra y esperanzas...
Un casco amarillo como premio.
Palabras emocionadas que hablan del laburo como estandarte.
El trabajo como construcción de la Cultura.
Un emocionante y apasionado discurso de José Luis Castiñeira de Dios... imprescindible Artista que no apela a estridencias para ofrecer su arte y poner su ideología al servicio de todos y todas...
Un impecable y exquisito piano de Facundo Ramírez, atravesando el alma y acompañando la deliciosa y profunda voz de Yamile Cafrune.
Sublime arte el de Franco Luciani con su armónica, agallinando pieles...
Pepe Colángelo nos regaló milongas y tangos... Y el Chiqui Pereyra se prendió con lo suyo.
Y siempre la simpatía inacabable de Gastón Barral, gran anfitrión.
Algo de humor.
Mucho de risas.
Sobredosis de abrazos.
Incontables brindis.
Comer un cacho de carne, un poco de pan y tomar un vaso de vino...
Una mesa bien servida. Amigos y compañerxs. ¿Hay algo más argentino? ¿Hay algo más nacional?
Hoy... en el que la palabra "ideologia" suele estar tan castigada en nuestro "medio" (tan extremo hacia la frivolidad y el ¿glamour?) haber sido invitada a ese banquete nacional y popular, me da esperanzas.
Esperanzas de que algo del laburo de los que la yugamos sin guita y a prepotencia de “lomo” sea alguna vez valorizado. Esperanzas de que sean estas mesas, servidas por laburantes para laburantes, tengan cada vez menos ausencias y sean las que de verdad valgan la pena. O la alegría.
Yo elijo, sin dudas, sentarme a esa mesa.
Gracias Gastón!!! Gracias UOCRA!!!
Stella Matute Actriz - Gestión Cultural



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viernes, 6 de diciembre de 2013

Adiós a Mandela

Cuando Nelson Mandela ganó las primeras elecciones (a 4 años de ser liberado después de 27 años preso), Lautaro y yo íbamos en un taxi cuando por la radio dieron la noticia...
Yo manifesté mi alegría con un ¡¡¡BIENNN!!!! entre alarido y susurro...
Lauti entonces preguntó: "¿Qué pasó, mami? ¿Por qué te pusiste tan contenta?".
A lo que yo contesté: "Porque ese hombre que ganó las elecciones estuvo preso durante muchos años".
Lauti: "¿Y por qué estuvo preso?"
Yo: (entre bruta y sintética) "Por ser negro, hijo".
Se hizo un silencio que duró varias cuadras, hasta que Lautaro lo rompió con esta pregunta: "¿Y lo soltaron porque se volvió blanco?"

Casi chocamos del ataque de risa que tuvo el taxista...


95 años... Una vida completa...
Nos deja su legado y sus logros. Va mi homenaje en forma de cálida anécdota... para despertar una sonrisa que lo recuerde como lo que fue: un luchador incansable.

Nelson Mandela: ¡Presente para siempre! Gracias por su lucha. Por sus luchas. Por su vida. ¡Gracias!


 ¡Ah! Lautaro tenía 5 años en aquel momento.

Exiliada, me siento

Desde que tengo claros recuerdos del vivir, me he sentido siempre una exiliada. Sentimiento que me acompaña desde la muerte de mi padre... demasiado temprano.
Resignifica-se hoy con la ausencia de Delia... Delia... mi hermana hermana mía... la extraño tanto.
Exiliada me siento... Extranjera... Forastera de otros tiempos y otros soles.
Familiar sentimiento y desconocido a la vez... pero cierto, indagado, palpable, verdadero.
 Acá estamos... tan lejos y tan cerca. Tan afuera y tan adentro. Tan entrañable y extraño.
Extranjera... exiliada... pero cerca... Como hace tanto, como siempre, como mañana.

"Demasiado cerca desaparece", dice Dal Masetto en un libro que Delia, justamente, me regaló hace más de diez años... Y ese mismo autor dice: "oscuramente fuerte es la vida", en otro título. Dos emblemas que hoy impregnan mi presente.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Moderación

No soy moderada y a esta altura no quiero serlo. Porque si bien muchas veces mi falta de moderación se me vuelve en contra en muchísimas otras opera a mi favor. No soy moderada en el amor ni en la entrega ni en la lealtad ni en los esfuerzos ni en la solidaridad ni en el trabajo en equipo ni en la lucha por lo justo ni en la defensa de mis amigos ni ni ni... No soy moderada... Esa falta de moderación también hace que sea quien soy en el escenario... o en la amistad. Nadie me pide que sea moderada cuando ensayo, o cuando amo, o cuando río, o cuando entrego. ¿Por qué, entonces, debiera yo ser moderada en los enojos, en las tristezas, o frente a la injusticia? No soy moderada. Y ya no voy a aprender... No ya porque no puedo sino porque no quiero... Escribí algo parecido a esto en un mail y cuando lo releí sentí que es una declaración... y la hago.)

jueves, 21 de noviembre de 2013

Cumple Musante 2013


jueves, 7 de noviembre de 2013

Amor de Alto Vuelo

"Las grullas son conocidas por su danza nupcial. 
Cuando dos grullas demuestran interés en formar una pareja, 
efectúan una danza que consiste en una serie de saltos muy vistosos. 
La relación puede formalizarse en unas horas, otras veces toma meses de brincos y maromas. 
Una vez que se deciden y se establece la unión, se vuelven inseparables. 
La pareja, entonces, durará años, y muchas veces toda la vida. 
Por lo general andan en parejas y ambos integrantes son de apariencia muy similar.
Demuestran extrema protección hacia sus nidos y sus crías...


Son aves de alto vuelo, de hecho son las aves que más altura pueden alcanzar."

Se casan César y Gabriel... Y hay celebración, emoción y algarabía. Un amor que ya hizo camino, que ya  atravesó tormentas, que ya hace historia... Esta Boda está significada por historias de grullas. Y desde ahí edifico mi deseo. Que la danza nupcial de César y Gabriel tenga alas desplegadas al brillo y locura, que haya brincos y maromas; que se reinventen inseparables; que duren toda la vida, que protejan sus nidos y sus crías... y que remonten alto vuelo atravesando el inacabable arco iris del júbilo...



miércoles, 30 de octubre de 2013

30 años de Democracia

Aquello también fue glorioso... También fue la sensación de estar en la pluma que escribía la Historia. Ahí estuve. Teníamos la sensación de que nos habían sacado una mordaza. De que nos habían desatado las manos. Como ayer (día en que festejamos nuestra Ley de Medios), nos abrazábamos con quienes nunca habíamos visto antes. 30 años. Votar por primera vez... Nudo en la garganta, brillo en los ojos y flores en la sonrisa. Ha pasado mucha historia. Han intentado ponernos de rodilla. Pero aquí estamos, con las banderas bien altas y el ojo bien alerta. ¡¡¡¡¡Gracias Democracia por estar entre nosotros!!!! Te tenemos y vamos a defenderte.
(Extraño a Delia. Siempre.)



lunes, 28 de octubre de 2013

DE TRIUNFOS DERROTAS Y TRAGEDIAS

DE TRIUNFOS DERROTAS Y TRAGEDIAS
Catarsis desordenada desde el centro de la pasión.



Que ayer el Frente para la Victoria, con todo el inmundo aparato mediático y los grandes padrinos mafiosos de la política en contra, haya quedado con la mayoría en las dos Cámaras no sólo no me parece una derrota... me resulta una hazaña. Podemos hablar de deseos, de ilusiones, de perspectivas, de proyecciones, de necesidades, de mediciones, de fuerzas... pero después de los durísimos embates de los últimos meses, a mí (dirán que estoy loca) no me resulta una derrota el resultado eleccionario de las Legislativas. Me entristecen, obvio, algunas cosas. Pero para mí, el FpV no salió derrotado.
La que sí salió derrotada, definitiva y humillantemente derrotada, es la sociedad argentina en su conjunto. Todxs y cada unx de nosotrxs ha sido derrtadx con la entrada al Congreso de gente como De Angelis, Del Sel y Olmedo... O haber devuelto a la escena política a Lilita y a Pino. Eso sí es una derrota. Esa es una derrota que nos costará carísimo y en la que todxs y cada unx de los argentinxs estamos involucradxs. Y yo responsabilizo a los necios. A vos, a vos a vos a vos y a vos. Sí, también a vos.
Siempre me ha molestado esa frasesita que reza "cada pueblo tiene el gobierno que se merece". Me resulta reaccionaria. Me resulta sentenciosa... Sin embargo desde ayer se me viene a la cabeza con un sentimiento que no me gusta pero que me atraviesa... Si después de 30 años de Democracia, y de habernos levantado de las más absolutas ruinas, que como sociedad le permitamos a tres energúmenos de semejante calibre (para empezar a hablar) entren a participar de los destinos de nuestra Patria, es porque algo malo nos mereceremos... Que devolvamos al Congreso a una desquiciada dañina y a un mentiroso estafador...  Es porque más que una sociedad nos hemos erigido en una suciedad incapaz de limpiarse... Y lo cierto es que en los votos que estos tipos ejerzan durante su gestión, vamos todos involucrados... Vamos todos sentenciados.
Esa es la verdadera derrota. Una derrota que vos has favorecido aunque no los hayas votado a ellos. Sí, vos. Vos que hace 30, 25, 20 años luchabas en mi misma vereda pidiendo Justicia para los genocidas y hoy te quejás y te quejás. Vos, que caminaste conmigo kilómetros de Plaza reclamando derechos que hoy tenés, pero te seguís quejando. Vos que compartías mi hambre a finales de la década del ´90 y hoy vas dos y tres veces a la peluquería y ahorrás para irte de vacaciones y te vas de vacaciones y te seguis quejando. Vos que comías día por medio y hoy te pagás clases individuales de música, y te seguís quejando. Vos que criticás y abominás absolutamente todo desde la minúscula altura de tu reino con rueditas y teclado y pantalla incorporados pero no proponés una alternativa, absolutamente nada, ni siquiera una idea, mientras te sentís el Ché Guevara desde tu mediocre militancia feisbukiana. Vos que vivís de la jubilación ahora digna de tu vieja pero te permitís hablar pelotudeces sobre el 82% móvil. Vos que criticás la Tarjeta SUBE pero jamás pagaste un pasaje en colectivo con monedas y al doble de precio porque justamente disfrutás los beneficios de la SUBE. Vos que gritás a los cuatro vientos que nadie te regaló nada pero seguís pagando la luz, el gas, la telefonía y el agua con subsidios del Estado. Vos que ahora mandás a tu hijo a la Universidad pública recientemente inaugurada pero considerás que es sólo por tu esfuerzo. Vos que te quedaste en la calle y te fuiste reconstruyendo y creés que fue sólo por obra de tu gracia... ¿qué te pasó en aquellos años? ¿te habías convertido en un vago? ¿no te pusiste a pensar que es la reactivación de aquel país hecho trizas lo que te ha ayudado a volver al circuito laboral?
Vos que despotricás  por el “cepo al dólar” y no viste un dólar en tu vida. Vos que jurás que “ya la guita no te alcanza” pero te vas cada enero a veranear a Grecia o a Marruecos o a Indonesia o a Turquía, al grito de "antes era distinto". ¿Antes cuándo? ¿Cuando vos también te ibas y despilfarrabas dólares mientras muchos nos quedábamos y canjeábamos un placard como parte de pago de un alquiler? ¿Sabés quién te sostuvo aquellos años? El hambre de muchos, entre los que yo me contaba...
Vos que seguís creyendo en una hiper mega perimida revolución bolchevique mientras negás una revolución real que sucede ante tus ojos. Vos que de tanto mirar alturas revolucionarias te perdés de sumarte a esta revolución posible.
A todos ustedes, a vos a vos a vos a vos y a vos,  responsabilizo de esta verdadera derrota de la sociedad argentina. La de permitir que la derecha avance y nos ponga en riesgo. En riesgo de que esta derrota se convierta en tragedia. En una de esas tragedias que ya conocemos que ya padecimos y que siempre acecha.
Sí, sí, ya sé que faltan muchas cosas. Muchísimas. Y que algunas cosas no están buenas. Y que hay algunas injusticias que no se han solucionado. Lo sé. Y si no le damos tiempo no lo vamos a lograr. Si no ponemos el hombro, no lo vamos a lograr. Si no apoyamos lo hecho, no lo vamos a lograr.
Yo me enorgullezco, ME ENORGULLEZCO, de apoyar a este Modelo de Gobierno que me ha devuelto la dignidad del laburo, que me permite ver a los genocidas presos, que respeta a nuestras Madres y Abuelas, que construye escuelas y universidades, que facilita la posibilidad de tener una vivienda propia, que ayuda a los que menos tienen. ME ENORGULLEZCO de haber votado al Frente para la Victoria. ¿Vos podés decir lo mismo? ¿Podés hablar de orgullo? ¿No sentís que hayas votado a quien hayas votado, has permitido que la derecha avance y nos ponga en riesgo? Porque son tiempos de afianzar lo conseguido, no de coquetear con ideales inalcanzables que ni bien bajan a la tierra se corrompen con la misma corrupción que ves por todas partes... Ya quisiera ver a tus candidatos impolutos de la izquierda gobernando una sociedad de fomento... Ya los he visto... Los he visto gritar a voz en cuello: “ahora el poder lo tenemos nosotros y ellos tienen que obedecernos”, mientras guardaban el librito de trotsky en el último rincón del cajón más oscuro de un burocrático escritorio.
Yo te vi. Te veo. Y te veré. Te veré... y te recordaré este momento.
Plagiando a Galeano, siempre digo que yo no confundo este momento con un paraíso. Pero bien sé que estamos lejos, muy lejos, del infierno que hemos sufrido. Y al que arriesgamos volver con gente como De Angelis, Del Sel, Olmedo, Lilita, Pino y también Massa, obvio, en el Congreso. Esa es la verdadera derrota. Y esperemos que con el tiempo no se nos convierta en tragedia. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Morir.

Morir es simplemente irse.
Y que los demás te extrañen.

Stella Matute - 23/10/2013

jueves, 17 de octubre de 2013

Cumpleaños de Francisco


(Publicado en facebook, el 17 de octubre de 2013)

Para seguir, o instalar, una costumbre… te regalo un show de tu imagen y semejanza para que cuando “estés de bajón”, como vos decís, te refugies en ellas, te acunes en esto que sos, que proponés, que construís.
Estos abrazos, estas sonrisas, estas emociones no son “hacia” vos sino “desde” vos que contenés toda la alegría e instalás todo el júbilo.
No están todas las que son… obvio… Titánica tarea sería recopilarlas a todas… (de hecho sólo juntar estas ha sido arduo). Tengo que pedir disculpas porque hay omisiones, olvidos… Pero tengo a mi favor que han sido absolutamente involuntarios. Ojalá no traigan demasiadas frustraciones o almitas ofendidas… Pero, en realidad, también de eso se trata la vida, ¿no?. Por un lado los encuentros y sonrisas y felicidades; y por otro omisiones, olvidos, frustraciones, ofensas…
Mas como tu ángel propone tanta maravilla, todo será compensado. Y esas involuntarias ausencias son presencia por prepotencia del abrazo, ese abrazo que vos parís a diario desde la entraña misma del amor que te convoca y te provoca.
Y así, desde ese abrazo, caminarás un año más. Este que hoy te comienza.
Se llenará de presencias sonrisas amores brindis encuentros celebraciones festejos que sin duda, y una vez más,  le ganarán a las ausencias, las frustraciones, el desencuentro, las omisiones…
¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, FRAN!!!
Te quiero con el alma toda.


p.d. El orden de las fotos intentó ser alfabético pero luego fue un tanto arbitrario. Muchas de las fotos son de la talentosa Silvina Macri, a  quien agradezco su involuntario aporte… Que yo aparezca en más de una no es un error. Es deliberado. 

jueves, 10 de octubre de 2013

Morriñas


Qué lindo era el futuro, / el futuro / del pizarrón de cuarto grado, / todo echo con tizas de colores / y una confianza buena, / de las viejas, / de esas que ya no se consiguen / ni pagando al contado. / Era realmente lindo, lindo / aquel futuro / del pizarrón de cuarto. / Había chicos decentes / tomados de la mano, / chicos con las orejas limpias, / y las medias derechas, / y los dientes seguramente cepillados. / Juro que era lindísimo / el futuro / del pizarrón de cuarto grado. / Había toros, libélulas y ríos, / había trenes, palomas, y silos, y aeroplanos, / había campos, y escuelas, y edificios altísimos, / había vacas y ovejas / bellamente pastando. / Había una iglesia, y un trigal, / y un puerto con muchísimos barcos. Al fondo , por supuesto, / un ancho sol naciente en amarillo, / con sus ojos, su boca, su sonrisa, / en realidad / bastante parecido / al de la tapa del cuaderno “Sol de Mayo”, / pero de todos modos era una maravilla / aquel futuro / del pizarrón de cuarto grado. / Ah, si pudiera entrar en el futuro, / en el futuro aquel en seis colores, / del pizarrón de cuarto grado. / Cómo caminaría derechito / hacia el gordo sonriente en amarillo, / acogedor, humano. / Cómo andaría entre toros, libélulas y ríos, / y trenes, y palomas y aeroplanos. / A lo mejor iría / tomado de la mano / de algún chico decente, buenito, bien peinado. / Caminaríamos alegres y llenos de esperanza / porque, es claro, / el camino sería bello y fácil / como eran los caminos del futuro / en el lindo futuro / del pizarrón de cuarto grado. / Sin barreras, sin piedras, / sin pozos, sin semáforos. / Nadie nos pediría documentos, / ni nos requisarían baleros subversivos, / ni nos sospecharían ladrones / o extremistas, o infiltrados. / Nadie nos metería por supuesto / en un atroz fantasmagórico Ford Falcon, / Ni mucho menos iríamos a aparecer al otro día / entre unos pastizales por Ezeiza / junto a un montón de cápsulas servidas, / ni dirían los diarios / con sus letras chiquitas y su fea sintaxis, / cosas como “se procedió a identificarlos”. / No, no, / sencillamente no, / porque éso no figuraba para nada en el futuro, / porque eso la señorita no lo había dibujado / con borrador, y tiza y esperanza / en el prolijo y diáfano futuro / del pizarrón de cuarto grado. / El cual como se sabe estaba todo hecho / con tizas de colores, / con un redondo “Sol de Mayo”, / y una confianza buena, / de las viejas, / de esas que ya no se consiguen / ni pagando al contado.
(Humberto Constantini)

sábado, 28 de septiembre de 2013

Fin de Temporada.

Allá iremos... A la úlitma...
Imposible no hacer un balance, un recorrido por el camino transitado en estos nueve meses. Nueve meses... Una gestación, un parto.
Ensayé "Fragmentos de un pianista violento" en el comienzo del dolor más profundo. Un dolor de parto. Parto del que voy naciendo todavía...
Hoy me pregunto cómo lo hice. Cómo pude. Cómo me animé.
Pero fuimos y parimos y estrenamos y recorrimos. No hubiera podido sin tanto apoyo como el que recibí de mis compañeros. Y de mi compañero. Gracias Fernando Alegre Alicia Naya Martín Althaparro . Y un gracias así de grande a Fernando Musante . Sin la contención y el aliento de cada uno de ellos no hubiera podido.
Y qué suerte que pude. Desde las entrañas mismas del dolor encaré cada ensayo. Desde el núcleo de la ira, surgió esa violencia prestada al pianista.
Sanador proyecto. En tantos sentidos. Intenso. De un compromiso diferente... Compromiso personal, compromiso social. Porque abordar el odio y la violencia hacia las mujeres ha implicado mi compromiso no sólo con el arte teatral sino también con nosotras, justamente, las mujeres, y con la sociedad en su conjunto.
Voy naciendo. Y Fragmentos de un pianista violento es parte de ese útero donde se va gestando esta nueva Stella, un poco más sola en esta soledad nuclear de la existencia y también más acompañada.
“Fragmentos…” termina hoy un ciclo para nacer en otro (valgan las redundancias).
Seguirá su militancia imprescindible para visibilizar una tragedia que la mayoría de la sociedad se empeña en minimizar, en negar, a pesar de que nos lleva puestxs una vez por día, como mínimo.
Y yo seguiré con “Fragmentos…”, sin dudas (valga lo simbólico de la frase).
Pero hoy termina un ciclo. Y es imposible no mirar hacia atrás y repasar estos nueve meses. Tan extremos. Tan “de parto”.
Gracias a los que vinieron, a los que difundieron, a los que opinaron, a los que apoyaron, a los que nos premiaron, a los que coordinaron. Y también gracias a los indiferentes, porque nos afirmaron en el camino correcto.
Por las mujeres golpeadas. Por las violentadas. Por las desvalorizadas. Por las violadas. Por las asesinadas. Por ellas. Para ellas. Nuestro trabajo y nuestra militancia. 50 funciones. 50 debates. 9 meses. Ojalá hayan servido y sirvan para algo. Porque ahí pusimos lo mejor de nosotrxs.

Hoy, 28 de setiembre de 2013. Última función de “Fragmentos de un pianista violento” en el Centro Cultural Caras y Caretas. A las 21.


martes, 17 de septiembre de 2013

Premio Gardel para el Ensamble Chancho a Cuerda

Aquí, desde el minuto 21 puede verse ese maravilloso momento que emocionó tanto a los que amamos al Ensamble Chancho a Cuerda , a los que nos sentimos tan orgullosos del recorrido de estos músicos impresionantes, tan jóvenes, que desde hace 7 años trabajan con disciplina para superar el talento que los ilumina.

http://www.youtube.com/watch?v=gu-4SCZaqho&list=UUFgk2Q2mVO1BklRQhSv6p0w


Tanto tiempo...


Tantos años ya...
Desde aquellos mendocinos 15 años en que perdí a mi padre ha pasado "muchaguabajoelpuente"... Desde la ignoracia del dolor adolescente al desgarro de comprensión del adulto. Desde el silencio al alarido. Desde el absurdo paso del tiempo hasta el calor de su callosa mano sobre la mía en un dulce sueño de madrugada...
A veces recuerdo su voz.
Otras, su olor. A gomina y tabaco. A laburo y perfume.
Me sobran ausencias ahora para recordar anécdotas.
Me faltan rincones donde desplegar recuerdos.
Lo extraño.
Como hace ya tantos años...
Desde aquel día en que bajando del micro en Constitución, Delia me decía, con sus manos en mi cara: "Sí... el papi está bien... él ya está bien..."
Y hace ya tantos años... tantos...
Y fue ayer. Y hace un siglo. Y un instante.
La absurda lógica del tiempo... que es mentira que consuela... sólo acomoda un poco. Y por un rato.
Papá. Mi papá. El papi, al decir de mi infancia mendocina.
Y su ausencia sumada a la ausencia.
Y un dolor que no termina. Y comienza en cada dolor que se va sumando.
Sola me siento de tanta orfandad.
Pero aquí estamos.
Terror del tanto tiempo que vendrá sumando ausencias que se suman al tanto tiempo que pasó.
Pero aquí estamos.
18 de setiembre. De hace ya tanto tiempo... Recuerdo todo en cruda cronología del dolor. Cada detalle, cada momento.

Sólo que ahora no tengo con quién recordarlo.


martes, 23 de julio de 2013

Recuerdos del odio. Preguntas del futuro


Recuerdo muy claramente las miradas perdidas de mi madre y de mi padre hablando del odio gorila. Incomprensible odio. 
Mi madre no era peronista y sin embargo contaba con estupor y piel de gallina sobre las cosas que le deseaban a Perón y a Evita. Sobre todo a esta última cuando enfermó... 
Después de aquello vinieron el bombardeo, los fusilamientos, la proscripción, las dictaduras, los desaparecidos, las torturas, el robo de niños, los crímenes atroces, la globalización, el hambre, el país en quiebra...
Con estupor y piel de gallina he leído en estos días sobre la destilación y el perfeccionamiento del odio... Asisto atónita a un tiempo de odio como si nada hubiera existido antes. Como si nada existiera. Como si nada se estuviera poniendo en juego...
Me pregunto sobre la condición humana cuando leo algunas cosas.
Me pregunto sobre el futuro.
Me pregunto sobre el miedo y el horror.
Me pregunto sobre la memoria.
Me pregunto sobre ignorancias y aprendizajes.
Me pregunto...

sábado, 13 de julio de 2013

COMO EN AQUEL TOBOGÁN GIGANTE


En mi San Rafael natal, por allá por los inicios de los ´70, instalaron en una esquina un “tobogán gigante”. Una especie de gran deslizadero artificial por el que las personas se dejaban resbalar por diversión sobre una mole descomunal y de altísimas curvas.
Muy pronto se puso de moda y fue, durante algún tiempo, el más bullicioso punto de encuentro de amigxs adolescentonxs... Allá íbamos con mis hermanxs y todxs mis primxs. Yo era la menor y me llevaban no porque querían sino porque lxs obligaban lxs adultxs de la familia en gran alarde de psicopedagogía...
Era un extraño entretenimiento en el que había más miedo y vértigo que placer... o por lo menos así era para mí. Una explosiva mezcla de miedo y alegría difícil de soportar.
Delia ya vivía en Buenos Aires en aquel momento, pero fui con ella un par de veces cuando andaba por allá vacacionando... Fueron esas las pocas oportunidades en que me sentí segura sobre esa raída alfombra que nos permitía deslizarnos por los acentuados vaivenes del coloso. Delia, como siempre, comprendía mi miedo y me daba el aliento necesario y respetuoso que yo necesitaba. Mis primxs, y ni hablar de mi hermano, solían reírse y burlarse de mi susto y obligarme a “ir adelante” que era lo que menos me gustaba (yo nunca me tiraba sola). Así se vengaban de mi obligada presencia... Y yo hacía como que no me importaba.
Estos últimos once meses de mi vida han sido como aquellas tiradas por el “tobogán gigante”... pero agigantado.
He vuelto a sentir aquel mismo vuelco en la boca del estómago que me dejaba sin aliento cuando esa montaña enloquecida se desplegaba a mis pies y allá en lo alto me sentaba en la estera roñosa para iniciar el salto.
Ha retornado a esa sensación de acrofobia mezclada con la risa de la diversión.
Descomunal sensación que no tiene nombre.
En estos once meses he llorado cada noche antes de dormir (también en muchas madrugadas). Pero he tenido a la par la emoción de premios.
He convivido a diario con la desgarradora tristeza mezclada con la alegría, por ejemplo, del nacimiento de sobrinxs-nietxs.
Han  ido de la mano las ganas de seguir durmiendo con la ilusión de nuevos proyectos; el frío de la ausencia con el abrazo amigo.
Se han codeado mis peores fantasmas con las concreciones de mi retoño y los sueños de mi compañero...
Han cohabitado las más oscuras fantasías y las más radiantes ilusiones.
He insultado al universo desgarrada de dolor. Pero también he cantado, he leído poesía, he estrenado un vestido.  
He quedado estaqueada en una esquina creyendo ver a Delia en la vereda de enfrente. Y he descubierto que se puede estar paralizada y seguir caminando.
He querido detener el tiempo y he rogado que pase pronto.
He quedado atónita marcando su número de teléfono en reflejo inconsciente del deseo, y he recibido llamados del reino de la maravilla.
He atravesado oscuridades desconocidas y al mismo tiempo he estado iluminada.
He asistido al derrumbe de mi alma hasta el fondo de sí mismo y casi de inmediato lo he visto renacer en esperanzas.
Intensas y violentas sensaciones.
Me he culpado por sonreír y al rato he reído a carcajadas.
Así de extremo este tránsito sin descanso que me lleva del temor a la audacia y del destierro de mi ánima al centro de mi yo resucitado.
Como en aquel niño sentir de mi pasado. Cuando necesitaba ese abrazo para dejarme caer confiada hacia el vacío. Nada ha cambiado desde entonces. Sigo necesitando aquel abrazo fraterno y fundacional que supo sostenerme, aquel abrazo irreemplazable, aquel abrazo acunador y respetuoso de toda mi sorpresa. Y no lo tengo. Entonces me lo invento. Llega ahora amasado desde adentro y rehecho en quien entiende. Vuelve en recuerdos, en añejos regalos, en preciados objetos, en fotos bien guardadas , en tesoros de papel  amarillento.
Once meses de “tobogán gigante” sin ese abrazo. Y a la vez sostenidos por el mullido colchoncito de nuevas huellas y un sin fin de promesas a cumplirse. Entonces me deslizo, ya sola y sin reversa, por los desniveles pronunciados de una vida sin Delia.
Pienso en ella cada noche, cada mañana, cada día. La necesito, la requiero. La convoco y la invoco. Pero el tiempo va pasando aunque lo niegue, aunque me emperre en detenerlo. Y dicen que es el tiempo “el gran regulador de todo”. Eso dice mi Sofía*... Y ha de estar en lo cierto.

13-7-13 
(a once meses de la ausencia)

*Sofía es mi personaje en "Más frágil que el silencio", de Daniel Zaballa.


miércoles, 12 de junio de 2013

5 años sin "la mami"

Hoy hacen cinco años que se fue mi vieja.
Cincos años.
La eternidad toda.
Mi madre. Mamá. La mami.
Una vida hecha, íntegra, completa.
Con nietos y bisnietos.
 Se fue silenciosamente. Como vivió.
Aquí mi recuerdo.
 Su palabra de madre habilitándome como madre.

viernes, 7 de junio de 2013

6 de junio

"Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. 
Probablemente mi propia vida". 
CLARICE LISPECTOR 

6 de junio, el primero que no pasamos juntas...

“La Anunciación”, novela de María Negroni, fue el último regalo que le hice a Delia.
En cuanto empecé a leerlo supe que iba a regalárselo y deseaba hondamente que no lo tuviera. Supe que era un libro que ella amaría.
Unos días después de aquel regalo (el 24 de junio), ella me escribió: “Antes de seguir, quiero escribirte Ste, porque vengo a las corridas, escribo, y me va quedando esto: 1) hermoso el libro que me regalaste, estoy enamorada de La Anunciación (no me lo dedicaste, te olvidaste); 2) ... ”
No... no se lo dediqué. Primero, porque no sabía si ella lo tenía, y luego porque había tiempo...
“La Anunciación” es un relato sobre la memoria. Ese desordenado y necesario utensilio que nos permite edificar el pasado. Y como en la memoria, los hechos allí se presentan fragmentados, convocando y evadiendo melancolías.
“La Anunciación” es un libro que indefectiblemente me lleva a Delia. La identifico con su protagonista... La veo allí, en esa ficción que ensaya versiones de un pasado que nos envuelve, que nos involucra y que a ella la atravesaba.
“La Anunciación” me ayuda en muchas noches de insomnio a construir el fantasma de su ausencia y con él reconstruyo en tiempo de memoria el pretérito de mi tiempo. De nuestro tiempo juntas, que es mi vida toda.
Hoy hace exactamente un año que le regalé “La Anunciación”. Mi último regalo en su último cumpleaños. Fue una noche hermosa, mansa, íntima... con locro, niños, risas, charla, mate y abrazos... donde nada, absolutamente nada, anunciaba el horror y lo incomprensible del futuro cercano.
"La Anunciación" era sólo una novela conmovedora y onírica...

 La extraño tanto...

Pensamientos...

No somos ni los gigantes de nuestros sueños ni los enanos de nuestros miedos.

lunes, 29 de abril de 2013

El Arte, el Dolor y la Locura...

“Ayer, luego de los episodios del Borda, se me dio por subir a mi muro un poema de don Jacobo Fijman, que vivió y murió en el neuropsiquiátrico. Hoy me encuentro con la grata sorpresa que más de 300 amigos lo reprodujeron en el suyo... Leyendo algunos de los muchos comentarios que se hicieron al respecto, noto que no son pocos los que hablaron del desdichado Fijman como del "poeta de la locura". Me gustaría hacer una aclaración: Fijman, lo mismo que Artaud, Van Gogh y tantos otros, no fue "un artista de", sino más bien "a pesar de". Es decir, fue un creador devorado por la locura (si es que se puede decir así) y de ninguna manera un enfermo mental que se volvió artista. Eso jamás sucede. En tal sentido, las cartas de Van Gogh a su hermano Theo son bien elocuentes: sus días en Arlés no fueron más que un vertiginoso intento por huir de la enfermedad a través, precisamente, del arte. Del arte liberador. Del arte que, si no cura, al menos consuela... Nuestra idea romántica del loco que escribe genialidades se da de bruces con la realidad: invariablemente, se trata de genios que escriben o pintan hasta que llega la fiebre y los atenaza”. 
(Miguel Ángel Morelli)


"Del arte liberador. Del arte que, si no cura, al menos consuela..." Pocas palabras han expresado tan bien, tan clara y profundamente, lo que he sentido en los últimos meses... No es mi intención, en absoluto, compararme con genios como Vincent o Fijman... Pero desde la repentina muerte de mi hermana, hermana mía, pocas cosas me han acercado un poquito de consuelo como ensayar, subirme al escenario y escribir escribir, escribir...
Y encontré en estas palabras que cito la síntesis de ese sentimiento. Es el Arte (y no estoy haciendo una calificación de mi laburo) lo que me aleja un poco de la soledad enloquecedora del dolor... 
Me doy cuenta de que es por eso que en los ocho meses, eternos y efímeros,  más dolorosos de mi vida he sentido la obligación de ensayar, de estrenar, de escribir, de prestar piel, alma y sentimientos... y exorcizar, exorcizar, exorcizar. Y compartir.  

jueves, 25 de abril de 2013

Más frágil que el silencio


Bueno... ya estoy en casa...
Especial noche. Estreno. Uno más, y no tanto... no tanto "uno más"..., digo...
"yo tengo tantos hermanos que no lo puedo contar y una hermana muy hermosa que se llama libertad".
Mi "libertad" tiene apellido y es "escenario".
Quién puede decir cómo "duelar"...
Yo tengo ese privilegio...
yo duelo tú duelas... quíén duela...
quién puede decir cuál dolor es más o menos dolor.
La soledad del dolor para mí es insoportable. Entonces lo pongo afuera.
Me pasó con Tobías.
Me pasa con Delia.
Entonces lo subo al escenario. Lo transformo. Lo transmuto. Lo entrego y me lo quedo.
"Más frágil que el silencio" se me volvió ceremonia. Homenaje se me volvió. Dolor y arte. Ofrenda, se me volvió.
Y por arte de escenario Delia es Emma. Y Emma es Celeste. Y Tati una mamá talentosa y contenedora.
Y sufro pero entrego el sufrimiento. Y las lágrimas son de otros de tan mías que son.
Gracias a todos y cada un de los que hoy me acompañaron. Y entendieron.
Gracias al Teatro. Gracias a la vida.
Gracias, amor, por tus lágrimas. Por tu abrazo interminable.
Gracias a los amigos.
Gracias a Delia por haberme construido.
Gracias.

(Escrito en la madrugada del 26 de abril de 2013, al volver a casa después de haber estrenado)

martes, 2 de abril de 2013

Tras un manto de neblina...



Mis primeras imágenes del 2 de abril de 1982 fueron un tanto confusas… Era pasado el mediodía y salía yo de una intoxicación que me había tenido semi inconsciente por más de 48 hs. Los gases lacrimógenos aspirados el 30 de marzo (apenas dos días antes) en Plaza de Mayo sumados a un clericó con fruta aparentemente en mal estado habían hecho una combinación explosiva en mi anémico estado físico de ese momento… Estuve literalmente entre inconsciente y dormida durante más de 48 horas con médicos visitándome periódicamente. Mis últimas imágenes claras eran a la Federal (vergüenza nacional) tirándonos gases a desmanes, a la montada cagándonos a palos, a Delia y a mí rogándole a un mozo de un bar de Avenida de Mayo que nos dejara entrar y un vaso de helado vino blanco con frutas que me tomé allí gracias al exceso de generosidad y valentía (aquellos tiempos se medían en valentía) de ese trabajador gastronómico que resultó ser un militante sobreviviente de las garras de la dictadura, y que ganó en poco rfato la carísima confianza de mi hermana. Luego, vómitos, fiebre y nada más hasta ese mediodía en que empecé a despertar. Delia estaba al lado mío en la habitación de mis sobrinas, yo estaba en la cama de la mayor porque era un lugar más cómodo para recibir a los médicos (de esto me enteré después). Había un televisor a los pies de la camita y Delia tenía los ojos colgados de él.
“¿Cómo te sentís?”, me preguntó con evidente preocupación. “Mas o menos”, contesté, “me duele todo”. Y mirando la pantallita blanca y negra pregunté ingenua: “¿Qué? ¿siguen pegando? ¿Cómo es que hay tanta gente en la Plaza?”
“No, mi amor. Pasaron más de dos días. Esa es otra gente y está vivando al hijo de puta de Galtieri que acaba de declararle la guerra a Inglaterra”. “¿Qué decís, estás loca?” “Así me siento. Metida en una locura total. Está mandando colimbas a Malvinas. Vamos a vivir una masacre más por culpa de estos hijos de puta”. Delia ya lloraba como sabía llorar Delia… sin demasiada gestualidad. Casi sin sollozos… Yo trataba de incorporarme en la cama con un cuerpo dolorido y un alma incrédula. “¿Qué decís?”, repetía tontamente.
Mi madre escuchaba radio en la cocina y también lloraba. “Esos chicos, esos chicos…” repetía ella.
Las nenas jugaban ruidosamente, por suerte, en el comedor.
Yo durante horas reclamé imposibles explicaciones. Por las 48 hs que no recordaba, por esa gente que agitaba banderas en Plaza de Mayo y por esa decisión suicida de un milico borracho. “Suicida no. Asesina”, sentenció Delia con esa claridad que siempre tenía.
Un día tristísimo. Dolorosísimo. Sólo las risas de mis sobrinas me traen un poco de consuelo al recuerdo.
Durante la madrugada del 2 al 3 nos despertaron unos estruendos muy cercanos. Yo ya había regresado a la pequeña habitación que usaba como propia en esa casa que nos había vuelto a albergar a mi mami y a mí después de otra debacle… Escuchaba esos ensordecedores sonidos y los gritos de mi madre que angustiadísima gritaba: “¡¡¡¡Bombardean Buenos Aires!!!! ¡¡¡¡Están bombardeando!!!!”. Por unos minutos todo fue confusión, susto, desconcierto, gritos, llantos…
La vecina de al lado había sufrido un brote psicótico y con una maza estaba rompiendo su casa. Parece cuento. Pero es verdad.
La madrugada del 3 de abril nos encontró a mi madre, a Delia y a mí riéndonos de la anécdota. La radio estaba prendida. Las risas duraron poco.
La guerra asesina había comenzado. La Argentina toda estaba en riesgo.

domingo, 31 de marzo de 2013

Domingo de Pascuas



En un inevitable paseo por los senderos de la memoria descubro que mis recuerdos de las Pascuas están asociados a mis sentidos. Un mes antes ya empezaba a escucharse hablar, ruidosamente, de la Semana Santa. Para mi padre era imprescindible organizar el encargo del bacalao en la tienda de “los gallegos camino a Alvear” que sin duda alguna tenían el mejor porque sus familiares lo traían de la España misma.
A mí siempre me costó entender el significado de esos días tan raros. El jueves era el más incomprensible. El viernes me metía miedo. El rayo divino te castigaría si comías carne, si tenías malos pensamientos, si no rezabas, si no ibas a la iglesia bien temprano. Me aterraban esas imágenes cubiertas con telas negras que naturalmente me hacían bajar la mirada y no faltarles el respeto… porque eso también podía ser castigado. Durante el tiempo que duraba esa misa me preguntaba todo el tiempo si no estaría yo teniendo malos pensamientos mientras escuchaba los resoplidos entre aburridos y enojosos de mi madre. Años después supe que a ella también la obligaba la obligación de los viernes santos. Lo único que mitigaba tanto miedo era pensar en las deliciosas empanadas de verdura y de pescado que nos esperaban en lacasadela´buela.
El sábado era día de preparativos. Las cocinas familiares derramaban una lujuria de perfumes a buena mesa. En lacasadela´buela todo olía a pescado y pimentón, desde el galpón del tío José llegaba el inconfundible efluvio del hasta ayer pecaminoso jaleo de carnes asadas, en lo de la Julia los jugosísimos pasteles de carne (empanadas fritas, dicen los porteños), en lo la Ana los rosquitos, bizcochuelos y postres y en la mía reinaba el olor a choclo que mi madre desgranaba uno a uno para las humitas. Todo era cocina para que el domingo de Pacuas fuera un perfecto festín de sabores.
Ese día, el domingo de Pascuas, mis hermanos y yo siempre estrenábamos alguna ropa recién salida de la Singer de la mami que parecía tener vida propia bajo sus pies y su mirada…
En este rosedal de mis recuerdos no hay Pascuas sin sol. Todo era luminoso en ese día. Los ojos viejos de mi abuela brillaban de otro modo y toda ella se permitía la ternura. Los rincones de su patio emaparrado eran la guarida de los codiciados huevos de Pascuas que ella misma se encargaba de identificar con el nombre de cada nieto y esconder cuidadosamente. Mis hermanxs , mis primxs y yo fingíamos durante rato no saber dónde estaban y ella fingía que nos creía. En mis años más niños, obvio, la que me ayudaba a encontrar el mío era Delia. Y después, cuando ella, la Delia, se vino a vivir a Buenos Aires, un momento decisivo de la jornada era el horario de ir a la telefónica a hacer el llamado a la Capital. La ansiedad alrededor de ese enorme teléfono negro inundaba en gritos, risas y lágrimas. “Adiós, mi querida hija” decía mi padre en voz baja cuando la horquilla ya había hecho silenciar la extrañada voz de mi hermana; y volvíamos a lacasadela´buela en silencio, disimulando las lágrimas. Bah, ellos disimulaban. Yo hacía gala de mi niñez llorando desbordada.
El día se extendía hasta pasada la cena con trucos de los hombres, quejas de las mujeres, escondidas de las chicas y travesuras de los chicos que hacían enojar a los vecinos. Y la obligada repartija de comida que duraba días.
Cuando partió mi abuela y a los dos años la siguió mi padre costó recomponer la celebración del domingo de Pascuas. Para mi madre era importante y lo armábamos como podíamos. Cuando fueron creciendo las nietas, mis sobrinas, algo de aquel espíritu se recuperó. A falta de patio emparrado mi madre escondía los huevitos en los cajones de su máquina de coser (aquella misma Singer) o entre las cacerolas en los estantes de la cocina. Luego se sumó Baltazar, mi sobrino, y por último Lautaro, mi hijo que fue el que menos disfrutó de ese rito.
Sigo sin comprender mucho qué significan estos días, pero me siguen inquietando como en la infancia…
El año pasado la Pascua fue el 8 de abril y fue el último día que se reunió la familia toda (con alguna -única- ausencia esperada y lógica), pero estuvimos todos. Fue en lacasadeladelia, por supuesto. No fue un almuerzo, fue una merienda. Había comida como para un centenar de personas pero debíamos ser menos de veinte. Estábamos todos y eso nos sorprendía y nos emocionaba. Había un agregado al festejo. Guady acababa de anunciar que estaba embarazada. La presencia de Valentín, Lisandro y Camilo aportó la cuota de niñez imprescindible. Hubo muchos abrazos, risas y lágrimas… Y codiciados huevitos. Como en aquellas Pascuas de mi infancia.
No entiendo muy bien qué significa este saludo, pero lo extraño. Y como siempre es cordial, espléndido y magnánimo desear buenas cosas, aquí va el mío:
¡¡¡¡¡FELICES PASCUAS PARA TODA LA GENTE QUE HACE BUENAS COSAS!!!!!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Hasta siempre, Comandante. Hasta la Victoria, SIEMPRE.

Dicen que ha muerto Chávez. Pero no lo creo. Porque aquí lo tengo, porque aquí lo escucho, porque aquí se me vuelve canción, poema, nota, semblanza, lágrima. No lo creo porque veo el llanto de "sus grasitas"... tan parecidos a los nuestros, a los de Evita... Como dice Tato Pavlovsky, "si lloro no puedo escribir". Y lloro. Entonces apelo a las palabras de un co-terráneo que ha sabido ponerle palabras a mi tristeza. Porque aunque no lo crea, Chávez ha muerto. Y Latinoamérica toda se siente un poco huérfana...



Anita y Hugo, por Julio Rudman (periodista mendocino)

"La era está pariendo un corazón,
no puede más, se muere de dolor..."
Silvio Rodríguez

Ayer no pude. Y hoy no sé, pero lo voy a intentar. Tengo que intentarlo, los compañeros me esperan.
Anita nació en Buenos Aires y convirtió a Pablo y Jimena en padres, a Armando y Mecha en abuelos, a Lucía, Martín y Camila en tíos y a Celia en tía abuela. Anita llegó a un país mejor que el que era. Llegó a una Patria Grande, creciente, acechada por buitres y demás carroñeros, pero lúcida por primera vez en mucho tiempo.
Anita llegó cuando él se iba. Es inútil hacer la crónica. Propios y ajenos se han ocupado de eso. Tinta y archivo. El diario Los Andes, letrina comunicacional centenaria, tituló hoy: "Conmoción en Venezuela: habrá elecciones en 30 días". Allá ellos. No digo más.
Nunca imaginé que las locomotoras también morían. Por personalidad, por potencia energética, propia y territorial, por ser el primero en emerger de entre las tinieblas genocidas del neoliberalismo (Cuba y Fidel ya eran estandarte y estaban en terapia intensiva), porque impuso un lenguaje insolente en las relaciones internacionales y, por eso mismo, no fue indolente. Porque olió azufre donde había estado Mr. Danger, el impávido señor de la muerte, por su solidaridad irrestricta con el pueblo palestino. Porque mandó al carajo la trampa. Porque nunca le mintió a su gente. Simplemente, por amor, Hugo es una locomotora que imaginó y puso en marcha un trazado bonito, como se llama su revolución.
Ya van dos. Néstor murió, dicen, por bala ajena. Hugo, dicen, por cáncer ajeno. Es que el cuerpo es un traidor, como dice Feinmann (¿cómo que cuál Feinmann? Al otro no lo citaré jamás).
El País, me refiero al diario serio español, podrá ilustrar, ahora sí, con la foto que quiera.
El pueblo venezolano, los líderes latinoamericanos y nosotros nos quedamos con Anita, con las Anitas del mundo, confiando en que Hugo "seguro que al rato estará volando, inventando otra esperanza para volver a vivir".


Julio Rudman

sábado, 19 de enero de 2013

Pequeño balance




Los años pasan, sí, la vida no:
el mundo estalla hermoso alrededor.
(Silvio Rodriguez)

Aquél 19 de enero se presentaba raro. Colmado de mar y amor, mas sin el añorado barullo familiar de otros tiempos. Yo miraba de reojo al año recién inaugurado. Era bisiesto, y ya se sabe...  Se anunciaba intenso y revoloteaba cierto clima premonitorio de lamento.
Se presentaba atípico aquél 19 de enero. Y allá fui hacia el brindis obligado, e imprescindible, de burbujas y risas. De emociones y deseos. De amores y carencias.
Empecé a caminar por el alero de mi carta astral ignorando que mi revolución solar se libraría con artillería pesada sin respiro...
Ese mayo mi hijo, hijo mío, amado ser, se procuró un aladelta invisible, corrió por la explanada de la infancia, tomó envión en la cornisa adolescente, pegó un salto sin red y voló radiante hacia la vida adulta. Desplegó sus alas “mi chiquito” y abandonó el nido sin mirar atrás... y lo bien que hizo. ¡Y qué bien lo hizo!
También en aquel mayo un amigo estuvo a punto de morir pero ganó el milagro de la vida y hoy su voz es una fiesta bulliciosa, su abrazo una celebración inabarcable y el doliente pasillo de ese mal, un mal recuerdo.
En agosto, maldito agosto, mi hermana, hermana mía, se fue y yo morí para resucitar un rato luego aullando su nombre hacia la nada. Delia ya no está, ni estará y yo seguiré aullando en un camposanto de palabras que sudan el deseo de su aliento...
En setiembre una amiga no entendió, o entendió mal, y me quitó su confianza dejándome huérfana de su fraterno amor cuando yo más lo adolecía...
La ausencia me plagó de ausencias y no hay fumigador que la controle, así parece...
Noviembre sin embargo, en una bocanada de alivio nos trajo a Julia, y fue júbilo sentenciando variación de la rutina...
Y ese noviembre, también, me convirtió al escenario en un espacio de respiro, regalándole las bodas de oro a mis estrenos.
En diciembre dos amigos entendieron y ampliaron generosamente su mesa navideña ampliando así mi familia para siempre.
En diciembre, también, regresé al terruño y me entero que ya no soy de aquí pero tampoco de allá... Que ya no me siento sanrafaelina aunque lo soy ni soy porteña aunque me sienta... Entendí que el desarraigo tiene un principio pero adeuda los finales...
Durante todo ese año mi compañero me escoltó desde el rincón de la ternura intentando achicar el abismo que me separó del mundo. Y su amor renueva el mío cada día y su mirada vigila mis fracturados polos.
El año terminó con un brindis ceremonial y el sendero hacia las nuevas efemérides comenzó entre risas y lágrimas; entre fuegos de artificios sobre un cielo que tiene el exacto diseño de la infancia; con muchos achuchones cariñosos, algunos apretados, otros suspendidos; y un sinfin de promesas a cumplir, internas e intensas.
De los pocos privilegios que tiene cumplir años en enero se cuenta el de poder mezclar el balance del propio calendario con el del almanaque gregoriano del planeta.
Aquél 19 de enero fue hace un año que es un siglo, una era, un instante.
Y aquí estoy más paciente y más intolerante; más fuerte y más doliente; más expuesta y protegida; más madura y vulnerable.
En un año aprendí (o confirmé) que la libertad a veces duele mucho; que la orfandad genera ira; que no hay nada más sanador que la presencia del otro; que el alivio se encuentra en los ojos del hijo; que no tenemos más casa que nosotros mismos; que los objetos ayudan a ordenar recuerdos pero la infancia no está ni en el mantel perdido de la vieja ni en la puerta de la casa de la abuela ni en ese libro añejamente dedicado; que la memoria es el sexto sentido y a veces falla, como el olfato; que un “no” puede lastimar  más que una paliza lo mismo que una falsa acusación; que “nadie” es una ilusión y “alguien” una esperanza; que un duelo es una agonía solitaria; que lo insoportable no existe porque se soporta; que para renacer es necesario morir un poco; que el “sinsentido” puede tener aún menos sentido; que no puedo alejarme de mí aunque lo intente...

Y levantando la copa porque el brindis, ya lo dije, es obligatorio y necesario (aunque lo atraviese lo agrio de la pena), anhelaré un tránsito un poco más sereno, sin tanto sobresalto. Que el sol alumbre menos muros y más mesas; que la luna me traiga más ideales y menos ideas; que alguna fiesta me ilumine el luto; que el insomnio sea de amor y no de llanto; que me surjan esperanzas adicionales; que me sorprendan más palabras que silencios; que los amigos me “pacienten”; que a los reproches los reemplacen los encuentros; que los sueños destituyan pesadillas; que sobre los “yo” se impongan los “nosotros”; que a las lágrimas les ganen las caricias; que me crezca más coraje y menos miedo.
19 de enero, 2013


lunes, 14 de enero de 2013

5, 6, 7 meses sin Delia


CINCO MESES
“Luego veré de volver por aquí”, fue lo último que escribió Delia en una cadena de mensajes que utilizábamos a diario para comunicarnos. Eran las 17.26 de aquel nefasto domingo 5 de agosto. “Hay días malos”, se lee unas líneas más arriba, en ese mismo mensaje… Horas después un zarpazo brutal apagaba su luz para darle paso a una oscuridad de siete días, antes del último empujón final hacia la nada.
Aquél era su último domingo… Aquél fue su último domingo.
¿Cuántos sinónimos tiene la palabra “último”? Pocos e insignificantes…
¿Y la palabra “siempre”? Ninguno…
Resulta sugerente. Pero de tan real, resulta simbólico…
Las muchas veces que decimos, a lo largo del camino, “esta es la última vez”, “o esto es lo último que hago…”, sabemos muy internamente que no es cierto. Que lo último cuando sea “último”, lo sabremos cuando ya fue. Cuando ya haya sucedido.
Algo parecido sucede con “siempre”. “Te querré para siempre”, “siempre seré…”, “siempre estaré…”. Meras expresiones de deseo que nos inventamos para aliviarnos la angustia de la finitud.
¿Cómo saber cuál será la “última Navidad”, el “último Año Nuevo”, el “último cumpleaños”, el “último abrazo”? Sólo cuando nos damos cuenta de que ya para “siempre” será así… Que ya no habrá otra Navidad, ni el próximo Año Nuevo, ni soplará nuevamente la velita, ni me abrazará en mi próxima alegría… Ya “nunca” volverá a ser como fue.
“Último” y “siempre” se encuentran unidos definitivamente en el “nunca”.
“Nunca”… También agazapada en el pasado… “Nunca”… Otra promesa sin demasiados sinónimos.
Confieso también que me resulta imprescindible desconfiar de una palabra que de cuatro sílabas, las primeras tres son “sí” “no” y “ni”. “Si-no-ni-mo” es una palabra poco confiable…
Entonces “último”, “siempre” y “nunca” vuelven a ser veneradas. Vuelvo a plagarlas de contenido… Cuando estoy asolada por el llanto, me subo a esa posibilidad y sentencio que así como desde hace cinco meses ya “nunca” volverá a ser como antes; “siempre” la necesitaré, “siempre” recurriré a su palabra, “siempre” la extrañaré. “Nunca” dejaré de amarla, “nunca” dejaré de necesitarla, “nunca” se apagará definitivamente su luz. “Nunca” será nada… Y así será hasta mi “último” soplo.
Algunos insisten en que debo reponerme, que la deje ir, que tengo que estar mejor… Como si reponerme, dejarla ir o estar mejor fueran representaciones posibles que la oscuridad de mi noche pudiera ceñir.
“Hay días malos”… Es cierto. Y noches también. Y largas.


SEIS MESES

Tanto dolor se agrupa en mi costado,
 que por doler me duele hasta el aliento.
Miguel Hernández

“¿Estás un poquito mejor?” ... me preguntan con marcada buena intención, como si eso fuera posible.
Y yo sonrío, pongo mi mejor mirada social, cuelgo mi sonrisa en el perchero de lo correcto y apretando el “on” de las respuestas automáticas, contesto un: “Sí, sí... estoy como voy pudiendo”.
 Mientras, “¿Por qué tendría que estar mejor?”, pienso…, “¿porque pasaron seis meses?”, concluyo...
¿Será ese el parámetro de tiempo que se considera el necesario para empezar a mejorar? Pues no es el mío. Sino más bien todo lo contrario.
“Estoy seis meses peor” me digo, intentando evadir el alarido. La tristeza tiene mala prensa. Entonces, es mejor sonreír y permitir que piensen que “estar como voy pudiendo” es estar un poquito mejor. Cuando lo íntima e infinitamente cierto es que cada día estoy un poco más triste, algo más desesperada, bastante más angustiada, y enloquecidamente más cerca de lo insensato. Con muchas más ganas de verla, de escucharla, de abrazarla, de "desenterrar su noble calavera", como canta el poeta.
A medida que pasa el tiempo entiendo menos, acepto menos, y me resigno cero. Ahogo en la almohada un inútil gemido primal que machaca por qué por qué por qué...
Y vuelvo a mirar las fotos, a revisar agendas, a leer notitas, poemas, cuentos, a desempolvar videos, a repasar conversaciones, a buscar recuerdos en los rincones imposibles con desesperado propósito de recuperarla...
Un ratito, por favor, un ratito.
La convoco en sueños y la veo del otro lado del horizonte; cuando está por decirme algo pasa un avión y no me deja escucharla; cuando la alcanzo en una calle no es ella; cuando estoy por abrazarla me despierto...
Seis meses, medio año, toda una vida sin Delia. Esta vida de seis meses y toda la que vendrá... Seis meses, medio año. No. No estoy un poquito mejor. Estoy seis enajenados meses peor.


SIETE MESES
Mi abuela, la única abuela que tuve, murió en 1973. Y estalló la familia. "Mi" familia, real o inventada... Indiscutible, indisoluble, indestructible, indudable. Poderosa, numerosa, ruidosa. Esa familia era mi mundo. Todo mi mundo. El Papi, la Mami, el hermano para pelear, la hermana para aprender, tíos, tías, primos, primas, madrina, padrino. Y lacasadelaabuela era (sin dudas, opciones ni cuestionamientos) el lugar para encontrarnos. Allí confluíamos cotidianamente. En lacasadelaabuela se debatían todas las cuestiones familiares. Era el nido albergador.
Mi abuela, la única abuela que tuve, murió el 1º de julio de 1973... Fue la “primera muerte de mi vida”. Y esa familia (indiscutible, indisoluble, indestructible, indudable, poderosa, numerosa, ruidosa), real o inventada por mí, estalló por los aires.
Nos cubrió un océano de secretos bien guardados y traiciones impensadas. Los amados tíos, las maternales tías, se convirtieron en poco menos que enemigos y los primos en indiferentes. Ese océano ahogó a mi padre, que siguió a mi abuela dos años más tarde. Y esa familia indiscutible, indisoluble, indestructible, ya no tan poderosa ni numerosa ni ruidosa, le dio la espalda a mi madre que se quedó en la calle con una hija de adolescente: YO.
Así fue como “la Delia”, que ya vivía en Buenos Aires, desembarcó en el terruño natal para traernos a vivir con ella a mi madre y a mí. Y lacasadeladelia se convirtió en el nuevo nido albergador. Y fuimos construyendo una nueva familia... menos numerosa, menos ruidosa pero tan poderosa como aquella. "Mi" familia. Real o inventada por mí. Y lacasadeladelia era el lugar para encontrarnos. El nido albergador había sido reconstruido.
“La Delia”, la única hermana que tuve (madre, amiga, cómplice, compañera), murió hace siete meses. Fue, es, la“muerte más muerte de mi vida”.
“La Delia”, la única hermana que tuve, murió el 13 de agosto de 2012. Y la familia, “mi” familia (real o inventada por mí), estalló en pedazos.